Aspectos relevantes de las diferencias de género en los patrones de endeudamiento

Raul Martinez Solares P

ECONOMIA CONDUCTUAL

Raúl Martínez Solares

Puede ser el gallo el que canta, 
pero es la gallina la que pone los huevos.

Margaret Thatcher, 
ex primera ministra del Reino Unido

Existe la percepción generalizada acerca de que existen diferencias específicas en la conducta de gasto y, consecuentemente, de endeudamiento, entre géneros. Sin embargo, algunas de estas percepciones se fundamentan en visiones equivocadas.

Muy frecuente se supone que las mujeres compran más. Ello no necesariamente es cierto. Esta percepción se deriva fundamentalmente del hecho de que las mujeres tienden a sobreanalizar sus decisiones de compra y ello, en términos de tiempo dedicado, las hace parecer que pasan más tiempo comprando.

Por el contrario, existe una propensión a mayor impulsividad en la compra por parte de los hombres, lo que hace que, estadísticamente, en muchos rubros, sean los que gasten más; aun cuando lo hagan en un espacio de tiempo más reducido.

Incluso cuando se ajustan los datos en función de quién ocupa la posición de jefe de familia, se sigue presentando una mayor propensión de compra en los hombres.

En algunos casos se supone que dichas diferencias provienen fundamentalmente de una mayor disposición de recursos por parte de los hombres. Efectivamente, existe en promedio una sensible mayor proporción de recursos disponibles para los hombres, la cual se deriva de una menor participación relativa de las mujeres en la fuerza laboral (particularmente en países como México); tendencia que también se ve, además, lamentablemente reforzada por la discriminación que genera diferencias relevantes en el ingreso promedio de mujeres respecto de los hombres, a trabajos similares realizados. Pero descontando esas diferencias, como proporción de los ingresos, los hombres siguen gastando más.

Al margen de ello, las tendencias de la naturaleza del gasto varían también por género. Existe una tendencia documentada de que, tratándose de mujeres, en promedio una proporción mayor de su gasto se orienta a temas relacionados con el bienestar de la familia.

Derivado de lo anterior, las características del endeudamiento en hombres y mujeres son también diferentes. En muchos casos, el origen de la deuda, tratándose de mujeres, se deriva de incurrir en gastos asociados al mantenimiento de las necesidades cotidianas de la familia; mientras que, con mayor frecuencia en el caso de los hombres, ciertos comportamientos de endeudamiento excesivo se vinculan con gastos superfluos no necesariamente relacionados con el sostenimiento de la familia.

Evidentemente estos datos son estimaciones promedio de poblaciones grandes. Ello no implica ni que todas las mujeres sean responsables en sus patrones de gasto y endeudamiento, ni que todos los hombres sean irresponsables.

También existe evidencia de que, con mayor frecuencia, los incumplimientos del servicio de la deuda se presentan en hombres. En algunos casos, como la experiencia internacional de mecanismos de crédito a mujeres en comunidades de bajos ingresos muestra, ello se deriva del hecho de que las mujeres procuran cuidar su capacidad de crédito para poder atender las necesidades del núcleo familiar.

Recientemente, de acuerdo con el estudio “Gender Differences in Attitudes toward Debt and Financial Position”, de Routzahn y Eschelbach, particularmente en países donde se muestran más marcadamente el cambio en los patrones de comportamiento (como en la edad para iniciar la maternidad), ha empezado a presentarse un fenómeno de crecimiento del endeudamiento en mujeres y de la proporción de éstas que caen en situación de impago.

En términos generales, tanto hombres como mujeres deben enfrentar con mayor sentido de responsabilidad financiera personal (y con un horizonte de largo plazo) todas las acciones que se relacionen con su gasto, ahorro y potencial endeudamiento futuro.

En muchos casos, el crecimiento excesivo y acelerado del endeudamiento, su mala administración incurriendo en costos excesivos de servicio y la falta de planes adecuados para contenerla y disminuirla se convierten en pesadas cargas que comprometen el bienestar económico de las familias.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo. Síguelo en Twitter:

@martinezsolares