Atenidos a la mala suerte

Carlos Marin

El Asalto a la razón

De la mañanera de ayer se esperaba saber lo que el gobierno federal hará en la fase dos de la pandemia, pero, con excepción de algunos datos menores, nada nuevo se informó.

Se dio cuenta de los haberes técnicos y humanos del sector salud y las fuerzas armadas (una especie de inventario), pero no hubo explicación para la puesta en marcha de los planes DN-III y Marina previstos para casos de desastre. En este punto, lo extraño es que nada en el discurso oficial indica que se viva una “catástrofe”, por lo que, en todo caso, lo lógico sería que la participación militar se diera en la temida fase tres.

Lo demás fueron variantes de las recomendaciones que desde el principio se han venido repitiendo, con la sugerencia de evitar reuniones de más de 100 personas.

El mayor interés estuvo en la ilusión de que el Presidente anunciara medidas novedosas y la presencia del secretario de Hacienda contribuyó a esperar conocer, en pesos y centavos, cómo se paliará el devastador efecto económico de la plaga en la industria, el comercio y sobre todo en la población.

Pero el Presidente informó que, por decreto suyo, los adultos mayores de los servicios público y privado podrán guardarse en sus casas sin perder salarios ni prestaciones; prometió créditos blandos para un millón de fondas, talleres, taquerías, pequeños comercios y negocios similares; dijo que se tienen 400 mil millones de pesos “en caja” para mantener los apoyos sociales y contrarrestar la caída de los precios del petróleo, y reiteró que continuarán las obras del aeropuerto en Santa Lucía, la refinería en Dos Bocas y el tren maya.

De una sólida estrategia económica, supuse, hablaría entonces el titular de Hacienda, pero tampoco. Se limitó a informar que se les adelantarán 10 mil millones de pesos a las entidades federativas; que al Ejército lo refaccionarán con cuatro mil millones y a la Marina Armada con 500 millones de pesos… y ni una palabra de alivio para los más de 30 millones de mexicanos que trabajan en la economía informal (aportan más de 23 por ciento del PIB) y superan a los formalizados, pero tampoco para industrias como la turística o restaurantera ni las plantas fabriles que se encuentran semiparalizadas.

Los gobiernos de países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Italia y Francia, pero también de Argentina, Brasil y otras naciones emergentes postergarán o condonarán pagos de agua, luz, impuestos o hipotecas, y algunos darán dinero a cada jefa o jefe de familia y también por cada hijo.

En México, sin embargo, cada empresario se atendrá a las consecuencias y sus trabajadores a quedar en la calle.

Y como son más quienes viven en la economía informal que la formalizada, nada del gobierno pueden esperar peluqueros, podólogas, manicuristas, garroteros, cocineras, mariachis, taxistas, jardineros, agentes de ventas, floristas, chachareros ni vendedores de frutas, chicles, chicharrines y alegrías…

cmarin@milenio.com