Candidatos simpáticos, ¿cuántos?

Opinión Nacional

victor gordoa

No sin discusiones ha concluido un periodo electoral más en la vida política del país. En él, la flaca participación de la gente se logró mediante recursos ajenos a la simpatía que debería generar un candidato. Entonces, ¿qué está pasando?

14 de Junio de 2017

HISTORIA OLVIDADA…

Lo pregunto porque, aunque no puede tomarse como un aviso premonitorio de lo que sucederá en el proceso sucesorio del 18, sí nos puede servir como termómetro de la temperatura electoral que imperará en ese entonces, la cual acusará la falta de presencia de, al menos, un candidato que sea capaz de hacer que la gente salga a votar a su favor. Si eso no sucede, entonces las cuestiones políticas y el futuro de nuestro país se comprometerán todavía más, haciendo el proceso difícil de realizar. Como sé que muchos ya lo olvidaron o condenaron por siempre, creo que vale la pena recordar que hace apenas cinco años existió un candidato que logró que la gente volteara a verlo con simpatía, despertando en ella un estado de ánimo de esperanza que, a su vez, provocó el sentimiento de seguridad que hizo creer a muchos que con él las cosas podrían mejorar. Evidentemente, fue gracias a esa persona que la gente consideró que podría convenir que el PRI regresara al poder después de doce años de alternancia, argumentando que “más valía malo por conocido que bueno por conocer”. Era un candidato guapo, de estilo seductor que llevaba a su lado a una mujer que también era muy carismática y atractiva. Esa combinación explosiva, junto con los tradicionales recursos políticos a su servicio, hicieron posible que el candidato Enrique Peña Nieto y su esposa, la popular actriz Angélica Rivera, llegaran a ocupar la residencia oficial de Los Pinos de manera inobjetable, y que el “odiado” PRI regresara al poder después de 12 años, lo que no es cualquier cosa. Durante el periodo postelectoral, no fue necesario hacer recuento de votos ni plantones en alguna importante avenida de la CDMX, no, el candidato con todo y los obstáculos que sus enemigos le pusieron en el camino, se impuso por sí mismo. Pero, además, hubo otro hecho que la gente ya no alberga en su memoria: que su candidatura a la Presidencia de México se daba por descontada desde casi dos años antes, así que, cuando llegó el cumplimiento de los tiempos, su partido no dudó en ungirlo y hasta predecir, basados en todas las encuestas, que él iba a ganar, lo que creó desde antes un estado de ánimo triunfador. La clave de todo fue que el candidato y su esposa eran simpáticos a la gente, ella era la encarnación de la cenicienta y él, el príncipe azul que nos rescataría.

UNA IMAGEN SIMPÁTICA…

En el terreno de la percepción, la imagen es realidad y, cuando ambas son coherentes entre sí, entonces la imagen se convierte en poder. Si a esto le agregamos los axiomas de imagen pública que señalan que la mayoría de las decisiones las hacemos basados en lo que vemos y sentimos, pues entonces fácilmente podremos comprender la importancia que la simpatía cobra, ésa que no debemos confundir con ser chistosos ni tampoco con lograr hacer reír a la gente contándole cuentos sabrosos aderezados con una gran capacidad histriónica, no, la simpatía es una cualidad que sólo tienen aquellos que “caen bien”, que gustan de manera natural, que son queridos y requeridos porque poseen un alto coeficiente de inteligencia emocional que les permite gozar de la simpatía de los demás, difícil cualidad que se define entonces como la capacidad de poder entablar relaciones sentimentales positivas de manera espontánea, honesta y sincera con los demás.

TRISTE PANORAMA…

Hagamos un análisis al día de hoy. Dado el horizonte actual en todos los partidos políticos. ¿A quiénes vislumbra usted como candidatos claros e inobjetables a la Presidencia de la República? ¿Quién posee, entre todos ellos, la cualidad de generar una clara simpatía en la mayoría de la gente? Recorra la baraja de posibilidades y se dará cuenta de que aún no existe alguno. Que solamente hay un candidato que, con toda seguridad, se registrará en la contienda y que ése, hoy por hoy, genera una imagen pública polarizada entre la esperanza y el miedo, antípoda que no puede asegurar que el triunfo surja tan claro como en el anterior caso.

 

Twitter: @victor_gordoa