¡CÓMO ADMINISTRAR BIEN NUESTRA LENGUA!

Fernando Fabricio Cancela Marquez

Fractal

FRACTAL -FERNANDO F. CANCELA

 

Creo sin temor a equivocarme que el mayor problema que tenemos los seres humanos, es el hacer mal uso de la lengua; gran parte de la humanidad, ha usado su lengua para destruir a los demás. Contrariamente a lo anterior, el buen uso de la lengua, es una señal inequívoca de la fe en nuestro señor Jesucristo.

 

En ese sentido, ¿cómo estamos usando nuestra lengua? Para construir o para destruir, para elogiar o para dañar, para quejarnos o para agradecer a Dios, para bendecir o para maldecir.

 

La fe verdadera se puede observar a la distancia en la forma en como manejamos nuestra lengua, si queremos tener una fe verdadera, luego entonces, tenemos que aprender a controlarla, pues la lengua tiene un tremendo poder; puede construir, pero también destruir. Santiago dice: “Si puedes controlar tu boca, eres perfecto”.

 

Por otra parte, cuando vamos al médico, lo primero que nos pide en el consultorio es sacar la lengua, ¿sabe por qué mi apreciado lector (a)? Porque nuestra lengua revela lo que está pasando en nuestro interior; el médico a través de la lengua detecta nuestro estado de salud físico, y Dios a través de nuestra lengua, detecta fácilmente la situación espiritual en la que nos encontramos.

 

Por tanto, Santiago nos da 3 consejos por los cuales debemos cuidar nuestra lengua, ¿cuáles son estos?

 

El primer consejo que Santiago nos da para cuidar nuestra lengua se encuentra en Santiago capítulo 3 y versículos del 3 al 5 que dicen: “Cuando ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, podemos controlar todo el animal. Fíjense también en los barcos. A pesar de ser tan grandes y de ser impulsados por fuertes vientos, se gobiernan por un pequeño timón a voluntad del piloto. Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo…

 

Luego entonces, Santiago nos aconseja que debemos cuidar nuestra lengua porque nuestra lengua dirige nuestra vida; porque nuestra lengua tiene un tremendo poder.

 

Santiago nos pone aquí el ejemplo del caballo que es un animal de gran tamaño y sin embargo, es frenado por un pequeño artefacto, así como el barco que es movido por un pequeño timón.

 

Estamos ante un gran descubrimiento psicológico, pues los psicólogos nos dicen que el lenguaje se encuentra conectado con el cerebro y que lo que hablamos es lo que hacemos; es decir, si hablamos cosas positivas, haremos cosas positivas y si hablamos cosas negativas, haremos cosas negativas, sin embargo, aquí nos damos perfectamente cuenta de que el supuesto descubrimiento psicológico, ya había sido expresado por Dios en su palabra.

 

Luego entonces, el cerebro está conectado con nuestro lenguaje y el lenguaje es en sí, la expresión de lo que pensamos, en ese sentido, ¿no deberíamos ir mejor con nuestras quejas a nuestro padre celestial en vez del psicólogo?

 

Si somos personas insatisfechas lo primero que debemos hacer es revisar bien nuestro cerebro, pues así como… con un pequeño artefacto se puede controlar un caballo percherón fácilmente y el barco más grande del mundo con un pequeño timón, así podremos nosotros controlar nuestra lengua a través de la bendita palabra de Dios.

 

Por otra parte, ¿Somos de esas personas negativas que todo el tiempo nos estamos quejando? Que si hace mucho calor; que hace mucho frío, seguro me mojare con la lluvia; mira esa persona que chaparra está; mejor me voy a cambiar de lugar porque ese que está ahí no me cae bien; hay mira esa gorda ni cabe en la puerta; mira esa flaca tan fea o esa delgada llena de tatuajes, ya viste a ese, ya está como la gasolina… cada vez más cara… más cara… más cara. En fin, todo esto se traduce en hacer mal uso de nuestra lengua.

 

Por ejemplo, el barco más grande del mundo, el crucero “Harmony of the Seas”, tiene una capacidad para 6.780 pasajeros más la tripulación. Cuenta con un parque acuático en el que se encuentra el tobogán más alto de alta mar y con 33 metros de caída y sin embargo, es dirigido por un pequeño timón. Otro ejemplo sería el tráiler que podría ser dirigido por un pequeño volante deportivo.

 

En suma, tenemos que aprender a cambiar nuestra manera de hablar; aquí en Veracruz por ejemplo tenemos con orgullo a los alvaradeños que es muy conocida su clásica forma de hablar y comunicarse; quizás sea una situación realmente cultural, de patrones de vida, pues en realidad conforman un pueblo que goza del gran amor hacia los demás y de los demás hacia ellos, pues son personas que abren las puertas de su casa para que Usted entre en ella, gracias a Dios he tenido la oportunidad de estar en su fiesta del arroz a la tumbada que insólitamente ha sido el más grande del mundo y gozar de su excelente hospitalidad.

 

El segundo consejo que Santiago nos da para cuidar nuestra lengua se encuentra en Santiago capítulo 3 y versículos del 5 al 8 que dicen: “… pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa! También la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida. El ser humano sabe domar y, en efecto, ha domado toda clase de fieras, de aves, de reptiles y de bestias marinas; pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal.

 

Luego entonces, lo que Santiago nos quiere decir es que nuestra lengua puede destruir todo lo que tengo. Nuestra lengua tiene un poder tan negativo que es capaz de destruirlo todo.

 

De hecho, solo se necesita una chispa para incendiar un edificio de 100 pisos; así como un bosque puede ser capaz de ser destruido en una sola noche, así podemos destruir muchas vidas en una sola noche; Santiago pone el ejemplo del fuego que pudiera causar terribles estragos; por una sola palabra se podría destruir toda una vida, un matrimonio, una familia, una buena amistad.

 

Existen quienes son realmente pirómanos verbales; los terribles chismosos y chismosas que a donde quiera que van o en donde quiera que se encuentren, dejan tras de sí una ola de destrucción total a todo el curso de la vida causando una reacción en cadena.

 

En el matrimonio por ejemplo, tanto el hombre como la mujer a veces decimos cosas terribles que desatan incendios.

 

Otro detalle importante es que de todos los órganos de nuestro cuerpo, la lengua es lo que Satanás más usa para destruirnos y destruir a los demás, porque Satanás puede en un momento dado usar nuestra mente; nuestras manos, nuestras piernas y pies, pero lo que más le fascina es usar es nuestra lengua para destruir a la gente que amamos y que se encuentran a nuestro alrededor.

 

Decía el pastor de la Primera Iglesia Bautista de Xalapa, Armando Díaz Salazar en una conferencia dominical que en una ocasión entablo un diálogo con un norteño malhablado quien se decía muy franco y abierto con sus palabras altisonantes, que hacía mal uso de su lengua, sin embargo, aquel hombre le explicaba a Díaz Salazar que los norteños son así… muy francos; luego entonces, Armando Díaz le contestó… es posible que los norteños sean así, pero tú no eres muy franco, tu eres muy grosero y dañas a los demás.

 

Por otra parte, en la vida no se trata de hablar para marcar los pecados a los demás diciendo, “eres un pecador”, aunque en realidad si lo sea, la gente que actúa de esta manera la realidad es que quiere marcar los pecados en otra persona porque quiere sentirse bien, viendo al otro mal.

 

Algunas de las veces hasta a nuestros propios hijos los acabamos con nuestras palabras y nos excusamos diciendo, bueno es que en realidad las palabras se las lleva el viento, pero no es así, las palabras muchas veces se quedan causando un terrible mal cuando las aplicamos.

 

El tercer consejo que Santiago nos da para cuidad nuestra lengua se encuentra en la Epístola de Santiago capítulo 3 y versículos del 9 al 12 que dicen: “Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen de Dios. De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Puede acaso brotar de una misma fuente agua dulce y agua salada? Hermanos míos, ¿acaso puede dar aceitunas una higuera o higos una vid? Pues tampoco una fuente de agua salada puede dar agua dulce.

 

Luego entonces, lo que Santiago nos quiere aconsejar para no hacer mal uso de nuestra lengua es porque uno no debe de maldecir a nadie pues el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios.

 

El árbol solo expresa lo que hay en su raíz. Lo que hablamos expresa realmente lo que somos, si yo hablo mal de los demás, refleja lo que hay dentro de mí, lo que hay en mi mente y mi corazón, lo que soy en realidad. En el libro de Lucas 6:45 Jesús dijo que de la abundancia del corazón… habla la boca.

 

Lo que Jesús quería decir, es que si hablamos mal de los demás es porque tenemos un severo problema en nuestro interior, que el problema no está en la lengua, sino en el corazón pero casi siempre nos excusamos y decimos, es que en realidad yo no soy así, yo no quise decir eso, no debemos excusarnos porque si seguimos negando las cosas, nunca seremos recuperados, tenemos que admitir nuestra realidad.

 

Veamos la realidad:

 

Una lengua áspera, tiene un corazón enojado.

Una lengua negativa, tiene un corazón temeroso.

Una lengua hiperactiva, tiene un corazón inquieto.

Una lengua jactanciosa, tiene un corazón inseguro.

Una lengua sucia, tiene un corazón impuro.

Una lengua criticona, tiene un corazón amargo.

Una lengua quejumbrosa, tiene un corazón insatisfecho.

Una lengua juzgativa, tiene un corazón frustrado.

Una lengua animosa, tiene un corazón feliz.

Una lengua suave, tiene un corazón amoroso.

Una lengua llena de verdad, tiene un corazón honesto.

Una lengua tierna, tiene un corazón bondadoso.

 

En ese sentido, ¿cuál es la solución que la Biblia nos da para este terrible problema de la lengua? La Biblia nos da 3 soluciones.

 

La primera solución que la Biblia nos da para evitar este terrible problema se encuentra en el Libro de Ezequiel 18:31 que dice: “Arrojen de una vez por todas las maldades que cometieron contra mí, y háganse de un corazón y de un espíritu nuevos. ¿Por qué habrás de morir, pueblo de Israel?”

 

Luego entonces lo que nosotros necesitamos es un corazón y espíritu nuevos. Y eso no lo podremos encontrar en el Método Silva de Control Mental, ni en la yoga o en la Programación Neurolingüística, eso solo lo podremos encontrar en la Biblia. La segunda carta de Pablo a los Corintios capítulo 5 y versículo 17 dice así: Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!

 

Luego entonces, si tenemos un terrible problema con nuestra lengua, debemos pedirle con fe a Dios que nos dé un corazón y espíritu nuevos para modificarlo.

 

La segunda solución que la Biblia nos da para evitar el terrible problema de la lengua se encuentra en el libro de los Salmos capítulo 141 y versículo 3 que dice: “Señor, ponme en la boca un centinela; un guardián a la puerta de mis labios.”

 

Como sabemos, un centinela es un soldado o un marino fuertemente armado, si tenemos problemas con nuestra lengua debemos pedirle a Dios que nos ayude poniendo un centinela, pero para eso debemos primero de admitir, someternos con humildad y pedirle señor que en este día no use mi lengua para maldecir a nadie.

 

La tercera solución que la Biblia nos da para evitar el terrible mal de la lengua se encuentra en la Epístola de Santiago capítulo 1 y versículo 19 que dice así: “Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar.”

 

Luego entonces, lo que la palabra de Dios nos quiere decir es que debemos tener en cuenta que primero hay que pensar antes de hablar, pues el principal problema de los seres humanos es que ponemos en marcha primero nuestra boca antes que nuestro pensamiento, por tanto, si millones de cosas han sido dichas, es porque no se ha reflexionado primero en ellas antes de decirlas.

 

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