Cuando los padres divorciados se vuelven a casar | Revista República

Cuando los padres divorciados se vuelven a casar

Carlos Elizondo Mayer-Serra

CARLOS ELIZONDO MAYER-SERRA

“Es como cuando tus padres divorciados te dicen que se van a volver a casar”, fue una reacción en redes sociales ante el video de AMLO y Meade la semana pasada. ¿La familia revolucionaria finalmente hace las paces? La excarcelación de Elba Esther Gordillo parece ir en ese sentido.

 

Tras la crisis económica de 1982, el balance de poder en el PRI cambió. Los políticos tradicionales, para quienes toda decisión giraba en torno a mantener el modelo económico corporativo y cerrado, el control político y la defensa de la soberanía fueron cediendo paso a la tecnocracia. Era la encargada de rescatar al país de la crisis económica en la que había terminado el esfuerzo del PRI por incrementar el control estatal sobre la economía. Esta tecnocracia se terminó quedando con el control de la Presidencia.

Miguel de la Madrid fue el primer escalón en esa transición. El segundo fue Carlos Salinas. Su destape llevó a la ruptura con un grupo de políticos estatistas, encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas. La gran mayoría de los políticos tradicionales se quedó en el PRI cuando la revuelta de Cárdenas fue derrotada con la asunción de Salinas a la Presidencia. Los tecnócratas definirían las políticas a seguir bajo un principio rector: el retraimiento del Estado en la economía. Los primeros pasos en esta dirección fueron tibios. La magnitud de la crisis obligó a reformas más profundas para estabilizar las finanzas públicas.

Muchos tecnócratas venían de trabajar al servicio del modelo estatista. Unos más a favor de la intervención del Estado, otros menos, pero todos al servicio del PRI en el poder. Como lo explicó el propio López Portillo, si escogió a de la Madrid como su sucesor, fue porque a su entender el país requería una mejor administración económica. No estaba pensando en un cambio de modelo económico. Si la necesidad hubiera sido política, otro, seguramente García Paniagua, habría sido su candidato.

Los tecnócratas, como cualquier político, no olvidaban que lo primero era mantener el poder. Con todo, cambió la lógica de las decisiones fundamentales. Más énfasis en el equilibrio económico, menos en la estabilidad política.

Paradójicamente, los tecnócratas hicieron mejor lo segundo que lo primero. En diciembre de 1994 vivimos nuevamente una crisis económica de fin de sexenio, muy costosa para la población, aunque su recuperación fue mucho más rápida que la de 1982. Sobre las razones políticas de esta crisis escribí hace años un artículo intitulado “Tres trampas: sobre los orígenes de la crisis económica mexicana de 1994”. (goo.gl/xK41zX)

La crisis económica de 1994 sacó a los tecnócratas y al PRI del poder en el 2000.  El regreso del PRI a la Presidencia 12 años después, bajo la promesa de sí saber cómo gobernar, se dio mediante una curiosa mezcla de tecnócratas y políticos. El control político estaba en los priistas del Estado de México, encabezados por el presidente Peña Nieto, pero el contenido de su gobierno estuvo en manos de un economista egresado del ITAM y del MIT, Luis Videgaray. La corrupción, el abandono en materia de seguridad y mediocres resultados económicos volvieron a sacar al PRI del poder. No sin antes buscar como tabla de salvación a un tecnócrata, José Antonio Meade.

Hay esperanza en el electorado tras el triunfo de López Obrador. Se habla de otra forma de hacer política, el abandono del neoliberalismo, otra estrategia de seguridad, etcétera. Sin embargo, AMLO y buena parte de su equipo, el más visible Manuel Bartlett, vienen del PRI de los años setentas y ochentas. Por eso en el futuro gabinete hay tanto funcionario de alto nivel de más de 70 años. Fueron desplazados por la tecnocracia. Regresan al poder.

También el discurso es muy similar al de entonces: autosuficiencia alimentaria, seguridad energética, Estado más interventor, justicia social, no intervención en los asuntos de otros países. La mayor diferencia es la aceptación del libre comercio.

Las formas de control no serán tan distintas: hegemonía del partido del Presidente en ambas Cámaras, disciplina del partido a los designios del Presidente (quien, además, es dueño del partido; no se lo están prestando por seis años), control de los gobernadores, ahora a través de los delegados de AMLO en cada estado. Donde puede haber una diferencia de fondo es en un espíritu de austeridad y en una preocupación de AMLO de no usar el poder para enriquecerse, aunque no se ve con qué diseño institucional lo va a lograr.

Los objetivos políticos y sociales tendrán prioridad sobre la racionalidad económica. Algunos tecnócratas se quedarán a trabajar en la cuarta transformación, con sueldos menores. Dudo que Meade sea uno de ellos. El control estará claramente del lado de los políticos tradicionales. Se acabó el divorcio, salvo por un pequeño grupo que se mantendrá bajo las siglas del PRI por un rato. Uno de los cónyuges, recién declarado presidente electo, tendrá todo el poder.

 

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @carloselizondom