DAMNIFICADOS DE LA BUROCRACIA

Editorial El Universal del Universal

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Editorial El Universal

La herida del sismo del pasado 19 de septiembre permanecerá en la memoria de quienes habitan las zonas afectadas, de aquellos que perdieron pertenencias, recursos materiales, y peor aún, familiares o conocidos. Lo que ocurrió hace tres semanas es de esos eventos ante los cuales cada uno puede contar su historia y que dejan una huella imborrable en todos los miembros de una comunidad.

Pasado el impacto de inicio, lo necesario es voltear a ver a los damnificados. La ciudadanía lo hizo de inmediato al ofrecer material diverso y fungir como canales de comunicación con cientos de individuos que buscaban sumarse a las labores de rescate donde todavía había posibilidades de ello. En contraste, los distintos gobiernos, federal y locales, hicieron evidentes faltas de coordinación entre sí, además de excesiva cautela en la reacción, lo que ha generado retrasos y obstáculos en la ayuda a los más afectados por el sismo.

Como revela hoy EL UNIVERSAL, personas damnificadas en la Ciudad de México, quienes perdieron su patrimonio a causa del terremoto, se han encontrado con las trabas burocráticas de los gobiernos de la capital y delegacionales en la búsqueda de lo que quedó de sus pertenencias. Es decir, ante los esfuerzos que han hecho por recuperar los bienes que otros civiles rescataron a su favor, las autoridades no han sabido darles una respuesta que les permita rehacerse de lo suyo.

Ante ello, ¿cuál es la prioridad de los planes de reconstrucción que se han planteado en los últimos días por los gobiernos locales? Cabe la pregunta ante el desdén hacia los damnificados, cuando ellos deben ser el primer asunto a atender en la larga lista de pendientes que implica una reconstrucción como la que hay que llevar a cabo en la capital y en las zonas afectadas por el sismo en otras entidades.

Entre las realidades que ha revelado la emergencia de hace tres semanas es la falta de protocolos de los gobiernos de todos los niveles para actuar ante la tragedia. ¿Había rutas de contención y solución ante un fenómeno de la magnitud del que vivimos? A juzgar por las reacciones oficiales, no parece. De ahí puede explicarse la descoordinación entre las múltiples instancias y autoridades que colaboraron en el proceso de rescate y lo harán en la reconstrucción.

A pesar de lo anterior, quienes más expuestos están a la impericia oficial son los damnificados del sismo. En esta fase, en lugar de poner obstáculos y deshumanizar la tragedia, las autoridades tienen la responsabilidad de atender las necesidades de los que perdieron su patrimonio, para que estén en posibilidades de recomenzar sus vidas. Es la lección que dejó la amplia participación ciudadana ante esta coyuntura y de la que los gobiernos pueden aprender.