El cobro de “descorche” en hospitales

Maribel Ramirez Coronel

Articulo

Maribel Ramirez Coronel

El cobro del descorche es conocido y común en el negocio de restaurantes o en el de hotelería o en el de eventos. Donde no es conocido pero también se ha usado y permitido por muchos años y bajo distintas modalidades es en el negocio hospitalario.

Es inconcebible que ello suceda y sea tolerado en un servicio tan vital y delicado como el de atención médica en un hospital. Es algo de lo que se quejan las aseguradoras y es una de las razones por las que ha habido distanciamiento entre el sector asegurador y el de hospitales privados. Es un factor que mientras no sea bien explicado por el sector hospitalario, genera opacidad y deja la impresión de que los servicios médicos son injustamente caros. Además, se ubica también como uno de los motivos que ha impedido mayor acceso al servicio médico privado o a los seguros de gastos médicos, pues los costos se han incrementado demasiado.

El precio de un medicamento o un dispositivo médico en un hospital puede llegar al triple de lo que se vende en farmacias. Los hospitales argumentan que en ese costo van incluidos  gastos intangibles como el propio servicio médico o de enfermeras. El problema es que en su facturación no está claro. Los hospitales suelen ser poco transparentes y no suelen explicar ni al paciente ni a la aseguradora qué es lo que están cobrando.

En otros países como Estados Unidos hay procedimientos clínicos muy estandarizados ubicados con un código de clasificación que la propia regulación obliga a utilizar y que lleva a que la factura esté homologada y sea clara para todos.

En México, algo innegable es que muchas veces lo que los hospitales cobran más alto es el hospedaje, pero éste va inmerso o disimulado dentro del precio de medicamentos u otros insumos.

Con los medicamentos sucede por ejemplo que el hospital cobra siempre la caja o el frasco completo aunque el paciente sólo requiera una o dos pastillas o una o dos inyecciones. Es una manera de incrementar los precios, y donde se entiende que también hay un beneficio para las farmacéuticas que prefieren vender empaque completo en vez de a granel.

Algunas aseguradoras —buscando economizar y hacer más eficiente su servicio— han optado por negociar y adquirir dispositivos o medicamentos directamente con los distribuidores y a veces con los fabricantes, y así ya no dejarle al hospital o al médico la libertad de elegir los más costosos, como históricamente lo han hecho. Los hospitales, por supuesto, no están de acuerdo con esto y su argumento es que los médicos son quienes saben y quienes deben elegir el mejor producto para el paciente.

El punto es que en todo este contexto se han generado enfrentamientos entre la Asociación Nacional de Hospitales Privados (ANHP), integrado por grandes cadenas como Grupo Ángeles, Centro Médico ABC, Médica Sur, Hospital Español, Hospitales Muguerza, entre otros, y la Asociación Mexicana de la Industria de Seguros (AMIS), dirigida por Recaredo Arias.

Lo único claro y evidente es que no hay una cadena de valor que opere integralmente en la industria de medicina privada. Lo que más bien opera es una cadena de confrontación donde todo el mundo está descontento. Cada quien jala para su lado, y la autoridad regulatoria tampoco empuja para reportar los principales indicadores o permitir comparativos que permitan al paciente mayor transparencia y conocimiento para hacer elecciones informadas al momento de elegir un servicio médico o de atención hospitalaria.

El desafío es cómo lograr voltear las cosas y que haya un círculo virtuoso donde médicos, hospitales, aseguradoras y clientes o pacientes trabajen para que funcione bien el sistema médico privado.