El ‘laberinto’ del (no) crecimiento

Victor Piz

Dinero Fondos y Valores

 Dinero, Fondos y Valores – Víctor Piz

Con respecto a México, los comentarios más recientes de la agencia calificadora Moody’s son poco alentadores.

Señaló que la incertidumbre en torno al futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte continúa nublando la perspectiva para el país.

Agregó que el escenario base de Moody’s sigue considerando que se logrará un tratado modificado para finales de marzo entrante.

“Una renegociación exitosa daría soporte para una ligera aceleración del crecimiento de México en 2018-19 a 2.0-2.5 por ciento anual”.

La salida unilateral del TLCAN por parte de Estados Unidos, que según Moody’s es el escenario más riesgoso, tendría consecuencias perjudiciales para el perfil crediticio de México.

A diferencia de S&P y Fitch Ratings, que reafirmaron la calificación crediticia de BBB+ y cambiaron de negativa a estable la perspectiva asignada a México, Moody’s mantiene su nota en A3 con perspectiva negativa.

“Bajo este escenario (de retiro unilateral), la elevada dependencia comercial que tiene México con EU sería la principal vulnerabilidad y la introducción de fuertes barreras comerciales podría provocar una recesión”.

Son poco alentadores los comentarios de la calificadora, en los que resalta la vulnerabilidad de la economía mexicana.

Más aún, después de que el jefe negociador para reglas de origen en la industria automotriz de EU fue llamado a consultas en Washington con las armadoras, justo al inicio de la séptima ronda de negociaciones del TLCAN en la Ciudad de México.

Los riesgos empañan las perspectivas de crecimiento a largo plazo, tema en el que México mantiene un desempeño desfavorable, si se le compara con otros países de la región que, incluso, tienen niveles de desarrollo inferiores al nuestro.

En 2017 la economía mexicana creció sólo 2.0 por ciento anual, la menor expansión desde 2013.

En América Latina el crecimiento fue de 1.5 por ciento, según FocusEconomics.

Sin embargo, Paraguay y Bolivia crecieron 4.0 por ciento, mientras que Panamá –el ‘campeón del crecimiento’ en la región– lo hizo en 5.5 por ciento.

Entre 2013 y 2017, en lo que va de la administración del presidente Enrique Peña, el PIB de México creció 2.5 por ciento anual en promedio.

En los últimos sexenios la economía mexicana no ha podido crecer ni siquiera al 3.0 por ciento anual en promedio.

Con Vicente Fox el crecimiento promedio fue de 2.0 por ciento anual y con Felipe Calderón, de 1.8 por ciento.

El reto es encontrar la salida en el complicado ‘laberinto’ del (no) crecimiento.

Hasta ahora, las reformas estructurales no han podido elevar el crecimiento de México a tasas mucho más altas que las actuales.

A cambio, se ha preservado la estabilidad económica, sobre todo en 2017, marcado por la alta inflación y el endurecimiento de la política monetaria del Banco de México para combatirla.

Hay que reconocer que esta administración ha estado comprometida con la estabilidad económica, como tendría que hacerlo quien gane la elección presidencial.

Lo que podría esperarse de las reformas que se han instrumentado en este gobierno, más que un mayor crecimiento, es el fortalecimiento de los fundamentos de la economía.

Las reformas deben contribuir a la estabilidad económica y, sobre esa base, al bienestar de las familias mexicanas.

Pero sólo con tasas de crecimiento más altas y sostenidas se podrán superar los rezagos, como reducir la pobreza en el país.