El más grande tratado regional de la historia

Julio Faesler

El acuerdo lo firmaron los diez países del sudeste asiático que integran el bloque Asean y también China, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur

Al mismo tiempo que en la UE y Londres no pueden ponerse de acuerdo sobre cómo divorciarse, en esta semana los líderes de 15 países asiáticos firmaron, en Hanoi, la Alianza Integradora Económica Regional (RCEP), la cual concentra a un tercio de la población mundial y un 28% del flujo de comercio exterior global, 33% del mundial.

El acuerdo lo firmaron los diez países del sudeste asiático que integran el bloque Asean y también China, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur. De esta forma, supera en magnitud a la Unión Europea y al T-MEC. El compromiso es proceder en 20 años a un desarme del 92% de sus tarifas de importación para potenciar el intercambio en la región. Habrá facilidades para servicios profesionales y financieros.

Es notable la evolución que han tenido los tratados comerciales desde los tiempos en que se titulaban de Amistad, Comercio y Navegación, como el primero que México firmó en 1824 con Colombia. Los lineamientos se fueron perfeccionando hasta llegar a las reglas del GATT de 1947, heredadas a la OMC de 1995.

Los acuerdos comerciales bilaterales han venido cediendo su espacio a los acuerdos regionales, el primero de los cuales fue el de la Unión Aduanera de Alemania. Los acuerdos regionales después de la II Guerra Mundial se iniciaron con la Unión del Carbón y del Acero de 1951, que con el Tratado de Roma de 1957 se extendió a la actual Unión Europea. La ALALC, del Tratado de Montevideo, sigue como ALADI con una serie de tratados de complementación. Los acuerdos regionales han proliferado en África y Asia y ahora comprenden una porción muy significativa de los intercambios mundiales.

Los países asiáticos llevaban ocho años de negociar sucesivas versiones de sus acuerdos comerciales desde la reunión en Brunei en 2006 cuando junto con Chile, Nueva Zelanda y Singapur conformaron el primer Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica, al que se sumarían Australia, Canadá, EU, Japón, Perú, Vietnam, Malasia y México. El TPP había surgido como iniciativa para articular a los diez países de Asean como proveedores privilegiados de China, lo que afianzó su zona de influencia. Ahora, en 2018, con la presencia de México, Chile y Perú, se conformó el Tratado Global y Progresivo del Acuerdo Transpacífico (CPTPP).

Pero ya en noviembre de 2011, en la asamblea de ASEAN, China había propuesto el RECEP para crear un mercado común consolidado para los 10 miembros y sus países socios. La idea fue crear una sociedad moderna, comprehensiva de alta calidad económica y mutuamente provechosa entre los miembros de ASEA y de países adherentes. Se creará “un ambiente para inversiones abierto, facilitador y competitivo”. China ha invertido más que Rusia en la región asiática, especialmente en obras de infraestructura.

China es el socio comercial principal y actúa como fuerza centrífuga para incorporar nuevos países y sus empresas y así acceder al mercado asiático y oceánico. Pero también supone una nueva complicación para la integración de cadenas de valor con Asia, ya que el sudeste asiático es el primer proveedor de insumos para la industria china. La inclusión de cláusulas sobre propiedad intelectual y telecomunicaciones está provocando preocupaciones ambientales

Para Xi Jinping el acuerdo refuerza su estrategia por el multilateralismo y la globalización y muy pronto el RECEP fue interpretado como la respuesta de China a la sociedad transpacífica iniciada por Estados Unidos en tiempos de Bush. Donald Trump se retiró del TPP por considerarlo un “desastre en potencia” para su país que acabaría con la industria norteamericana.

El inmenso acuerdo comporta una variedad de problemas.  La dimensión puede ser demasiado extensa, como sucedió con los imperios español, austrohúngaro y británico.

Su aspiración a sumisión económica lleva a sumisión política, enlaza a los miembros de potencia económica inferior a la función de proveer insumos a la maquinaria. La India no ha querido entrar a ese esquema y, al advertir el desequilibrio en su perjuicio, desistió y se apartó del proyecto por reticencias sobre la conveniencia de tener que bajar aranceles dentro de la nueva área de libre comercio, lo que acabaría con su desarrollo industrial. Es natural que los empresarios de su propio país deploran la pérdida de grandes oportunidades comerciales que se desprenden del mercado chino.

México no tiene una producción industrial suficiente, pues depende de los insumos y componentes que importa. Mientras no obtenga su independencia industrial y complete su autonomía alimenticia básica sabe que su primera tarea es resolver su debilidad económica. Exportar productos para pagar el valor de los insumos y componentes no promete mucho.

Es cuestión de proveeduría nacional para reforzar nuestro empleo. En cuanto a, por ahora, insumos y componentes es importante tener la libertad de escoger proveedores según convenga.  El T-MEC que hemos firmado limita la libertad de hacer acuerdos con países de economía de mercado. Es implícita la limitación respecto a China y Vietnam que son importantes proveedores de componentes e insumos que requerimos. La posibilidad de cerrar convenios comerciales con países no capitalistas como China está cercada por la cláusula específica que nos obliga consultar con nuestros dos socios. Esto orienta nuestra proveeduría a Estados Unidos. Las miles de pymes están de por medio ya que se afectan aquellas cadenas de valor con RECEP que sí pueden convenirles.