El México de Heidi y su abuelito

Monica Garza

GENTE COMO UNO

Sin duda los niños fueron esta semana el centro de atención de la opinión pública, pero por la insensibilidad de la que han sido objeto por parte del gobierno.

El recorte al presupuesto del Centro Integral de Salud Mental (Cisame) sin aviso previo, según lo dicho por su propia directora Virginia González Torres, ni ninguna explicación, tiene indignadas, desde la semana pasada, a organizaciones de la sociedad civil, activistas y padres de familia, que no han cesado de manifestarse lo mismo en redes sociales, que en plantones.

Y es que se trata de un centro, que desde hace 10 años, ofrece diariamente alrededor de 500 consultas médicas para niños con condición de autismo, síndrome de Asperger y otros trastornos emocionales y de conducta. Atiende incluso a adultos mayores con trastornos mixtos, como ansiedad o depresión.

Consideremos, para dimensionar, que el tratamiento terapéutico de un menor de edad con algún tipo de padecimiento de orden mental, en centros privados puede alcanzar hasta los nueve mil pesos mensuales, una cantidad que la mayoría de los mexicanos difícilmente puede costear.

La situación fue “aclarada” en una “tarjeta informativa” por la Secretaría de Salud, que argumentó que se trataba de “parte de las acciones del plan de austeridad y combate
a la corrupción”…

¿De verdad? ¿Habiendo tantas otras opciones, optaron por reducir el presupuesto a un centro que atiende de manera gratuita, a través de consultas médicas, exámenes de laboratorio, comedor y terapias, a cientos de niños con algún tipo de padecimiento mental, entre los que destaca el complicadísimo autismo?…

Fue una semana en la que Palacio Nacional no dejó de ser el punto de encuentro de padres de familia, organizaciones civiles, activistas y trabajadores, para manifestar su
desacuerdo, ya fuera por los recortes del Cisame o por la disminución del apoyo económico a los beneficiarios de las estancias infantiles, la mayoría padres y madres solteros que recurren a este programa conformado por cerca de nueve mil 300 estancias.

Se trata de una reducción de la mitad del importe que los legisladores aprobaron para el Presupuesto 2019, y en el que los recursos bajaron de cuatro mil millones a dos mil millones, una regresión que afectará a 313 mil 450 niños que están
inscritos en este programa.

Las justificaciones resultaron tan absurdas como ignorantes. Porque es imperdonable que funcionarios de la Secretaría de Salud se expresen como si de verdad no tuvieran ni la más peregrina idea de la importancia de atender —con dignidad— a un niño con cualquier tipo de padecimiento mental y por otro lado, el apoyo que requieren los padres con pocos recursos para el cuidado de sus hijos, mientras ellos trabajan.

La declaración del secretario Carlos Urzúa acerca de que “pueden ayudar a la abuela que va a cuidar, quizá, mejor a los niños y niñas, que las propias estancias infantiles”,
resultó hasta lastimosa.

¿En qué país cree que vive? ¿En el de Heidi y su abuelito?


Trabajadoras de estancias infantiles y madres de familia protestaron en Cuernavaca contra el recorte presupuestal, el pasado 29 de enero. Foto: Cuartoscuro

Si lo que buscan es limpiar un programa en el que se encontraron irregularidades y malos manejos en los recursos, pues que se haga, pero eso no justifica terminar, en todos los casos, con todo un sistema de cuidado de menores que beneficia a
miles de familias.

Ahora que los recursos van a ser entregados directamente a los padres de los niños que se quedaban en las estancias infantiles (mil 600 pesos para cada niño), ¿cómo se va a garantizar que ese dinero efectivamente se emplea para el cuidado y
protección de esos niños?

Y aquí no termina la historia, porque nos faltan los superdotados, que en la Ciudad de México también van a perder el programa que apoyaba a los llamados “Niños talento” con pocos recursos, que recibían además de un estímulo económico (tres mil 300 pesos para el ciclo escolar 2018-2019), una hora a la semana de alguna actividad en artes, ciencias y deportes.

“En realidad, no hay ningún estudio científico que pueda definir si hay algún niño superdotado o no, como tal. Entonces, este programa ya no está operando, a partir de este año”, declaró hace unos días la Jefa de Gobierno capitalino
Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, le demostró lo contrario la joven mexicana superdotada, Dafne Almazán, que a los 13 años se convirtió en la psicóloga más joven del mundo y hoy, con sólo 17, es la mexicana de menor edad en ingresar a un posgrado en la Universidad de Harvard.

Así los niños mexicanos seguirán encontrando maneras de levantar la voz, de hacerse ver y considerar, porque aunque no voten, sí importan. Importan mucho.