Ignacio Ramonet y la pasión por el periodismo

Raul Lopez

Cosmovisión

Cosmovisión / Raúl López Gómez

 

 

 

Desde la nueva época que en materia de periodismo se escribe en el estado de Veracruz, con sus riesgos y satisfacciones del ejercicio profesional. Con sus retos y desafíos en la pasión por el periodismo, hoy Ignacio Ramonet, en su tiempo director de “Le Monde Diplomatique”, es un referente obligado como visionario que vislumbro el cambio en la era digital y del periodismo del nuevo siglo, hoy en boga:

 

“La gente se pregunta a menudo sobre el papel que desempeñan los periodistas. No obstante, los periodistas están en vías de extinción. El sistema ya no quiere más periodistas. En este momento, puede funcionar sin ellos o, digamos, con periodistas reducidos a meros obreros de una cadena de montaje, como Charlot en la película “Tiempos Modernos”, es decir, meros trabajadores que hacen retoques en los partes de agencia.

 

Es necesario ver lo que son las redacciones actuales, tanto en los periódicos como en las radios y las televisiones. La gente conoce a los periodistas famosos que presentan los telediarios de la noche, pero detrás de ellos se esconden miles de periodistas que, sin embargo, son los que alimentan la maquinaria. La calidad del trabajo de los periodistas se encuentra en regresión, al igual que su estatus social. Se está produciendo una taylorización del trabajo de los periodistas.

 

En nuestro tiempo, el periodista está en vías de desaparición. Pienso que es un tema de actualidad y todos somos conscientes de que lo que se está produciendo hoy en día, especialmente en el ámbito de las nuevas tecnologías, concierne directamente a esta profesión.

 

Estamos asistiendo a una doble revolución, de índole tecnológica y económica. Quizás estamos experimentando, en este momento, lo que podría denominarse una segunda revolución capitalista. Esta revolución comporta muchas transformaciones y modifica sustancialmente el mundo de la comunicación y, en particular, el ámbito de la información, en la medida en que da lugar a una entronización del mercado y a la mundialización de la economía. Todo esto está en el centro mismo del tema que nos ocupa.

 

Ciertos elementos justifican la toma de conciencia de la transformación del periodismo. ¿Provocará esta mutación la desaparición del periodismo? Es la pregunta que, por supuesto, todos nos planteamos y a la que, me imagino, nadie se atreve, de momento al menos, a contestar. Me parece que una de las consecuencias de esta doble revolución es el siguiente fenómeno.

 

Las tres esferas

 

Hasta ahora podían distinguirse tres esferas, correspondientes a la cultura, la información y la comunicación. Estas tres esferas eran autónomas y contaban con su propio sistema de desarrollo. A partir de la revolución económica y tecnológica, la esfera de la comunicación tiene tendencia a absorber la información y la cultura.

 

El fenómeno al que asistimos hoy en día es precisamente la absorción de la cultura por la comunicación, debido a que ya no hay sino cultura de masas. Igualmente, ya sólo hay información de masas; y la comunicación se dirige a las masas. Es un primer fenómeno de consecuencias muy importantes, porque la lógica que se impone en los ámbitos de la información y de la cultura es la de la comunicación.

 

De la misma manera y por las razones que acabo de mencionar, la información actual se caracteriza por tres aspectos. El primero es que la información, que durante siglos ha sido muy escasa o incluso inexistente, es actualmente superabundante.

 

La segunda característica es que la información, que había tenido un ritmo relativamente parsimonioso y lento, es ahora extremadamente rápida. Se puede decir que la velocidad es un factor íntimamente ligado a la información. Es algo que forma parte de la propia historia de la información. Desde que, en la segunda mitad del siglo XIX, la información experimentó un gran desarrollo, siempre ha existido una relación entre velocidad e información. Ahora, se ha llegado a una situación en que esta relación ha alcanzado un límite tal que plantea problemas, ya que la velocidad es la de la luz y la de la instantaneidad.

 

El tercer componente es que la información no tiene valor en sí misma por lo que se refiere, por ejemplo, a la verdad o a su eficacia cívica. La información es, ante todo, una mercancía y, en tanto que tal, está sometida a las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, y no a otras leyes como, por ejemplo, los criterios cívicos o éticos.

 

Los fenómenos descritos hasta aquí comportan ciertas consecuencias de gran importancia. Primero, la transformación de la definición de información. Ya no es la misma que se enseñaba en las escuelas de periodismo o en las facultades de ciencias de la información. En la actualidad, informar es esencialmente hacer asistir a un acontecimiento, es decir, mostrarlo, situarse a un nivel en el que el objetivo consiste en decir que la mejor manera de informarse equivale a informarse directamente. Es ésta la relación que pone en cuestión al propio periodismo.

 

El principio de la actualidad

 

Otra transformación es la que experimenta el principio mismo de actualidad. La actualidad es un concepto fuerte en el contexto de la información. Ahora bien, la actualidad es básicamente lo que dice el medio de comunicación dominante. Si éste afirma que algo forma parte de la actualidad, los demás medios de comunicación lo repetirán.

 

Como el medio dominante actual es la televisión, será ésta el vector principal de la información y ya no solamente de la distracción. Es evidente que la televisión impondrá como actualidad todos aquellos acontecimientos que sean propios de su ámbito, acontecimientos esencialmente ricos en capital visual y en imágenes. Cualquier suceso de índole abstracto no estará nunca de actualidad en un medio de comunicación que ante todo es visual, porque entonces ya no se podría jugar con la ecuación “ver es comprender”.

 

El sistema actual transforma asimismo el propio concepto de verdad, la exigencia de veracidad, que es importante en el ámbito de la información. ¿Qué es cierto y qué es falso? El sistema en el que evolucionamos funciona de la siguiente manera: si todos los medios de comunicación afirman que algo es cierto, entonces ¡es cierto! Si la prensa, la radio o la televisión dicen que algo es cierto, pues es cierto, aunque sea falso. Evidentemente, los conceptos de verdad y mentira han variado. El receptor no tiene más criterios de apreciación, ya que sólo puede orientarse comparando las informaciones de los diferentes medios de comunicación. Y si todos dicen lo mismo, está obligado a admitir que es verdad.

 

Por último, ha cambiado otro aspecto, el de la especificidad de cada medio de comunicación. Durante mucho tiempo, se podían contraponer entre sí prensa escrita, radio y televisión. Es cada vez más difícil hacer que compitan entre sí, porque los medios de comunicación hablan de sí mismos, repiten lo que dicen los otros medios de comunicación, lo dicen todo y, a la vez, dicen lo contrario. Así, pues, constituyen cada vez más una esfera de la información y un sistema único en el que es difícil hacer distinciones. Se podría decir también que este conjunto se complica aún más a causa de la revolución tecnológica. Se trata básicamente de la revolución numérica.

 

Estamos asistiendo en nuestra época, a una segunda revolución tecnológica. Si la revolución industrial consistía, de alguna manera, en cambiar el músculo por la máquina, es decir, en sustituir la fuerza física por la de la máquina, la revolución tecnológica que vivimos en la actualidad hace pensar que la máquina desempeña el papel del cerebro y que ésta realiza funciones cada vez más numerosas e importantes del cerebro. La revolución tecnológica que estamos afrontando es la de la “cerebralización” de las máquinas. Éstas disponen ahora de cerebro; lo que no quiere decir forzosamente que dispongan de

 

Más información, no significa más libertad

 

Tal como hemos indicado, vivimos en un sistema de producción superabundante de informaciones. ¿Qué significa esto en la práctica? Se trata de una pregunta muy importante. Durante mucho tiempo, la información era muy escasa o incluso inexistente y el control de la información permitía dos cosas.

 

En primer lugar, una información escasa era una información cara, que podía venderse y dar lugar a una verdadera fortuna. Por otro lado, una información escasa proporcionaba poder a quienes la poseían. En un sistema en el que la información es superabundante, resulta evidente que estas dos consideraciones sobre los beneficios de la información no actúan de la misma manera.

 

Nos encontramos, pues, ante un problema considerable. ¿Qué relación se establece entre libertad e información, cuando ésta es superabundante? Intentaremos expresarlo gráficamente mediante una curva. Puedo afirmar, ya que se trata de una idea del racionalismo del siglo XVIII, que si dispongo de información cero, entonces mi nivel de libertad es también cero; y mi nivel de libertad sólo aumenta a medida que crece mi información. Si tengo más información, tengo más libertad. Cada vez que se añade información, se gana en libertad. En nuestras sociedades democráticas, se tiene la idea de que necesitamos más información para poder tener más libertad y más democracia. ¿No habremos alcanzado ya un grado de información suficiente? ¿No estaremos estancados? Es decir, no por añadir información, aumenta la libertad.

 

Es algo que se puede constatar desde 1989, año de la caída del muro de Berlín. Hemos roto las últimas barreras que se oponían intelectualmente al avance de la libertad a escala internacional. Ahora la libertad ha progresado. Disponemos de todas las informaciones, estamos en la era de Internet, e Internet nos permite acceder a todo tipo de informaciones. Estamos en una fase de superabundancia. ¿Aumenta por eso mi libertad? En realidad, se observa que no aumenta más, pues nos encontramos en una época en la que aumenta la confusión.

 

La cuestión que se plantea es: si continúo añadiendo información, ¿acabará disminuyendo mi libertad? La información llevada al máximo, ¿no acabará provocando un nivel mínimo de libertad, como en otros tiempos? Se trata, por supuesto, de una pregunta, pero creo que se debe plantear ahora, porque el sistema hoy en vigor nos muestra constantemente que todo incremento de información supone una amputación de la libertad. La forma moderna de la censura consiste en añadir y acumular información.

 

La forma moderna y democrática que adopta la censura no se basa en la supresión de información, sino en el exceso de ésta. Por consiguiente, estamos ante un planteamiento de la máxima importancia. Es una situación nueva, ya que desde hace doscientos años, desde el siglo XVIII, hemos asociado una mayor información a una mayor libertad. Si ahora hay que empezar a decir que más información implica menos libertad, habrá que desarrollar unos mecanismos intelectuales muy distintos.

 

Al plantearnos estas cuestiones, tenemos el convencimiento de que una información de tipo cuantitativo no resuelve los problemas que pretendemos resolver. La información ha de tener algún elemento cualitativo, aunque no sepamos demasiado bien cuál. Pero sabemos que presenta dos aspectos: credibilidad y fiabilidad. En otras palabras, por muy abundante que sea la información, la que más me interesa es la que es creíble y fiable y, por tanto, la que tiene un mínimo de garantías relacionadas con la ética, la honestidad, la deontología o la moral de la información”.

 

La información en directo

 

Ante la superabundancia de informaciones, se puede acceder a fuentes de información en directo. Sin embargo, sigue vigente una pregunta, incluso en este contexto, ¿cuáles son las informaciones que se nos esconden, cuáles son las informaciones de las que no se quiere que nos enteremos? Esta pregunta es crucial. Actualmente, algunos asuntos nos recuerdan su importancia. Y quisiera acabar con esta consideración: ante todas las transformaciones a las que finalmente nos enfrentamos, debemos preguntarnos cuáles son los problemas para los que el periodismo es la solución en el contexto actual. Si sabemos responder a esta pregunta, el periodismo nunca será abolido.

 

Por otra parte, también se plantea la cuestión de la relación entre información y verdad. Considero que la verdad, aunque no siempre sea fácil determinarla, es un criterio que debería tener una cierta pertinencia en lo referente a la información. Se debería considerar que tiene algo que ver con la información. Ahora bien, hoy en día al sistema no le sirve de nada la verdad. Considera que la verdad y la mentira no son criterios pertinentes en temas de información. Actúa de forma totalmente indiferente ante la verdad o la mentira.

 

En primer lugar, porque no pretende mentir y, por tanto no tiene mala conciencia. Pero existen criterios mucho más interesantes. ¿Qué aspectos dan valor a una información? Podríamos plantearnos esta pregunta. Es fácil comprobar que cuanto más cerca de la verdad está una información, más cara es, y cuanto más alejada está, más barata resulta. Todo el mundo sabe que esto no tiene nada que ver con el asunto. Lo que da valor a una información es el número de personas potencialmente interesadas en ella, pero ese número no tiene nada que ver con la verdad. Puedo decir una gran mentira que interese a mucha gente y venderla muy cara”.

 

Veracruz ha sido la cuna del periodismo en este país y en América, por eso es un orgullo de la participación del doctor Francisco Blanco Calderón, catedrático de la Facultad de Comunicación de la Universidad Veracruzana, asista al Congreso Internacional ICOM 2017 que se celebra en la Habana, Cuba en donde Ignacio Ramonet ha sido el invitado de honor y conferencista principal, como el icono numero uno de la comunicación en el mundo desde hace varias décadas y dialogo amplio y profundo con nuestro muy querido maestro Francisco Blanco, para orgullo de los periodistas de este país. Así las cosas.