Medina Mora y Tom Hagen

Jorge Castaneda

Amarres

Jorge Castañeda
La renuncia de Medina Mora obliga a muchas definiciones, que seguramente pocos intentarán divulgar. Primera: ¿debió haber sido ministro de la Corte? Mi opinión: no. Por dos razones: fue quien convenció a Calderón de lanzarse a una guerra inútil y sangrienta de la que aún no nos reponemos, con el argumento comprobadamente falso que México se había convertido en un país consumidor de drogas, y era funcionario directo de Peña Nieto y era su abogado personal, ambos hechos debiendo descalificarlo, sino legal, sí moralmente.

Segunda definición: ¿Por qué renunció? En vista de que ni Medina Mora ni López Obrador van a revelar las “causas graves” que lo llevaron a dejar el cargo mejor pagado en el Estado mexicano, que duraba hasta 2030, y también a la mejor pensión del Estado, se vale especular en el vacío que nos dejan. A menos de que exista una consideración de salud que desconocemos y que lo incapacita para ejercer el cargo –lo cual justificaría por completo la renuncia– la única explicación posible consiste en una amenaza de índole mafiosa o “romana” (como Pentangeli en El Padrino). Como lo afirma Loret de Mola en su columna del lunes, solo el peligro de consecuencias impagables, para una víctima indefensa, explica la renuncia. Impagables para el propio Medina Mora, para sus hermanos, o para sus hijos, o all of the above. No porque sea culpable de cualquiera de las acusaciones que se mencionan –la carta de Medina Mora refutando las versiones sobre depósitos en libras esterlinas y dólares es impecable– sino porque si López Obrador quiere su cabeza, lo que menos importa es la culpa o la inocencia, la justicia o la ley. Solo Palacio es susceptible de preferir una amenaza de esa gravedad y verosimilitud.

Indefenso (no indefendible), Medina Mora porque en el México de la 4T nadie defiende a nadie. Medina Mora trabajó para tres presidentes, tuvo casi 50 colegas de gabinete ampliado, y fue colega de 10 ministros de la Corte. Ninguno de todos ellos va a abrir la boca para respaldarlo.

Tercera definición: a pesar de los motivos para creer que nunca debió ser designado, y que aceptó una amenaza en silencio por parte de López Obrador, ¿su defenestración significa un peligro para México? Mi opinión es que sí, por el muy simple motivo de la correlación de fuerzas en la Corte. El sustituto de Medina Mora será el tercer ministro nombrado por AMLO; con Arturo Zaldívar cuenta ya con cuatro votos de 11 (no incondicionales, ni todos los días en todos los casos, pero sí en los más importantes o “transformativos”); de los siete restantes siempre habrá uno o dos más que temerán correr la misma suerte que Medina Mora si votan sistemáticamente contra Palacio.

Ya con la Corte blindada, López Obrador podrá albergar la certeza de que la mayoría, sino es que todos los recursos de inconstitucionalidad interpuestos por la oposición o la sociedad civil serán rechazados. Lo mismo con buena parte de los amparos, si llegan a la SCJN. Así la función de contrapeso –traducción ineluctable del Checks and Balances de Madison– se verá seriamente limitada, o de plano suprimida.

Por último, los integrantes de otras instituciones independientes o autónomas, desde el Banco de México hasta la Cofece, sabrán leer el mensaje. Si funcionarios en principio inamovibles, transexenales, de la institución más robusta y bien dotada de recursos y de protección, no se encuentran al abrigo del poder intimidatorio del Ejecutivo, nadie lo está. Creo que todos entenderán de qué se trata. ¿Hubiera preferido que la independencia de la Corte se hallará en manos distintas a las de Medina Mora? Obvio, pero como estaba en esas manos, no se puede más que lamentar su renuncia, después de un diálogo sin duda sustantivo y breve con el Tom Hagen de la 4T.