COLUMNA INVITADA

México y la fayuca ideológica

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José Steinsleger

 

Cuando me honraron con el acta de ciudadanía, juré ser leal a México. ¿Amarlo? Ya lo amaba a través de Leyendas de América, revista publicada por la Editorial Novaro. O cuando en los cines de mi barrio, con ansiedad, esperaba la última de Cantinflas. Luego, las novelas de la revolución y el Ulises criollo.

El poeta Hugo Gutiérrez Vega contaba que algo similar le pasaba con Billiken, la legendaria revista argentina para niños. La memoria de Hugo era de miedo. Pero supo rendir honores a la de Adolfo Bioy Casares, a quien oyó declamar Suave patria, completito, en el café La Biela, de Buenos Aires:

Como la sota moza, Patria mía, / en piso de metal, vives al día, / de milagros, como la lotería. Otros tiempos.

Mi México no es todo México. Me gusta el de los mexicanos que cantan al grito de guerra, y me angustia la guerra que liberales, conservadores y fayuqueros de izquierda o derecha, le han declarado al presidente democráticamente elegido en 2018.

Por ahora, con terrorismo mediático y opinólogos que presumen de ser independientes. Mentira. Nunca lo fueron. Lo que ocurre es que se les acabó el pituto, después de 36 años de saqueo neoliberal. En jerga chilena, el pituto alude a la relación con alguien influyente para obtener una ventaja, al margen de los méritos propios. ¡Bah, chambistas!

Uno de ellos, naturalizado también (aunque del otro lado de la cordillera de los Andes), publicó días atrás un brulote contra AMLO y la Cuarta Transformación, calificándola de visión extasiada de la redención de la patria, que le hace recordar al socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez.

Con fayuquera seriedad, agrega: “El nacionalismo entendido como soberanía autárquica, no es sostenible en el siglo XXI… la Cuarta Transformación es un resultado de la educación que se ha impartido durante décadas en este país, y que se reduce ante todo a la reproducción de la idea de nación”.

Uhm. ¿Incluirá tal apreciación el nacionalismo suprematista que sostiene el expansionismo judeoisraelí? Quien sabe. Porque en su concepción de nación, como en toda ideología voladora, hay restricciones. Por ejemplo, las que apuntó en su ensayo El antisemitismo y la ideología de la revolución mexicana (FCE, 2010).

El ensayo empieza así: Una de las características curiosas de la Revolución mexicana es el odio generalizado que los revolucionarios expresaban contra la élite tecnocrática de la dictadura, los llamados científicos.

Más adelante, una perlita. ¡No!… un chicharito: En realidad, el antisemitismo mexicano de principios del siglo XX ayudó a dar forma a una modalidad de nacionalismo revolucionario dependiente, hipermasculino y autoritario.

Y en el párrafo final del ensayo…: Es muy posible que los científicos hayan sido la élite tecnócrata más cosmopolita que México haya tenido jamás, y es interesante hacer notar que en el nacionalismo revolucionario mexicano, les tocó desempeñar el papel de los judíos.

¡Jijos! De haberlo sabido, ni madres me hago mexicano. ¡Vaya forma pervertida de retorcer la historia! ¿Qué sigue? ¿El antisemitismo y la ideología de las 4T? ¿El antisemitismo y la ideología de Thor Heyerdahl en su venturoso viaje de África a las Antillas en nave de papiro? ¿”El antisemitismo y la ideología de los ‘Caballeros Águilas’ de Malinalco”?

No viene al caso nombrar al fayuquero naturalizado, con títulos y cargos en universidades estadunidenses, y amigo del New York Times, gran periódico que expresa los intereses progres del sionismo yanqui, y que AMLO criticó por su falta de ética.

A ese contrabando maquillado de excelencia académica nos habían acostumbrado. Sin embargo, es posible que el paisano trasandino tenga el corazón nacional partido, como el mío. Aunque por su discurso, es claro que la épica del Batallón de San Patricio no le cae muy bien que digamos.

Bien. Los pueblos se crecen cuando tienen posibilidad de ejercer el derecho a opinar lo que le canten sus pelotas. Pero llama la atención que la publicación del brulote de marras haya coincidido con la fallida invasión de mercenarios a Venezuela. Y cuando en México, un comandante del Grupo Soriana admitió liderar al grupo de empresarios que exigen acabar con AMLO “…antes del próximo 1º de diciembre”.

Pero lo que mucho me dolió del brulote fue el renglón en que el remilgado profesor dice: “…la historia patria [de AMLO y las cuatro T] se funde con el sentimentalismo guitarrero de la vieja izquierda latinoamericana, estilo Mario Benedetti”.

Típico comentario de los que se dicen de centro. Cuando la verdad es que por izquierda y derecha, nunca cogieron bien. Digo: la historia.