Fernando F. Cancela

¡“Muerte de Lázaro”! Primera parte

Fernando Fabricio Cancela Marquez

Fractal

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Fernando F. Cancela

Explicarle un poco mi apreciado lector (a), sobre el texto bíblico que habla sobre la Muerte de Lázaro.

Un texto que sin duda inspira al amor, la fe y la esperanza.

El pasaje lo puede encontrar en el Evangelio de Juan (el apóstol) capítulo 11 y versículos del 1 al 44 de la Biblia.

En ese sentido, debido a lo extenso del tema, lo dividí para su estudio en 4 partes por lo que en esta ocasión, solo presentaré los versículos del 1 al 16, es decir, la primera parte.

Sin embargo, para entrar de lleno a esta primera parte de lo que considero el milagro más asombroso de Jesús, quisiera explicarle que al final de capítulo 10 del mismo evangelio, los judíos para variar, rechazaron y discriminaron a Jesús una vez más, al grado de querer apedrearle.

De hecho, Jesús que ya había realizado muchos milagros, ese día, dijo a los judíos. “Muchas buenas obras os he mostrado de mi padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? (Juan 10:32). Posteriormente, Jesús escapó de sus manos “y se fue del otro lado del Jordán, al lugar a donde había estado bautizando Juan, y se quedó allí y muchos venían a Él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad. Y muchos creyeron en Él allí. (Juan 10:40-42).

En ese sentido, para que no haya confusión alguna, no está demás decirle que  Juan al que se refiere el escritor del evangelio en los versículos del 40 al 42 del capítulo 10, es a Juan “El Bautista”.

Y bien, la primera parte que es la “Muerte de Lázaro” capítulo 11 y versículos del 1 al 16 dice así.

1 Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana.

2 (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos).

3 Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.

4 Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

5 Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.

6 Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.

7 Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez.

8 Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?

9 Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él.

11 Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.

12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.

13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.

14 Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; 15 y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él.

16 Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.

¿Cómo ve mi apreciado lector? Hermosa sin duda es la palabra de Dios.

Explicarle que Lázaro era uno de los predilectos de Jesús por excelencia; una persona muy amada por Jesús durante su vida terrenal. Tan es así, que fue resucitado y no después de algunas horas, sino de 4 días de haber fallecido, tema que explicaré en la Cuarta Parte de esta historia fascinante.

Lázaro no tan solo era un buen amigo del Señor, sino también de sus discípulos y las palabras de Jesús lo demuestran al decir en el versículo 11 “Nuestro Amigo”; sin embargo, a pesar de ello, Lázaro no formó parte del restringido círculo de discípulos de Jesús, ni tampoco lo seguía por el camino.

De hecho, uno podría preguntarse, ¿por qué si Jesús amaba tanto a Lázaro no fue uno de sus discípulos? Pero la respuesta es breve. Lázaro cumplió con una misión muy importante en esta tierra, y esa fue sin duda la de ser resucitado por Jesús y nada más.

Dice la bendita palabra de Dios que Lázaro tenía dos hermanas, Martha y María, quienes compartían una casa en Betania, aldea localizada al oriente de El Monte de los Olivos, en la frontera con el desierto de Judá y a 15 estadios (alrededor de 3 kilómetros) de Jerusalén.

Como se sabe, Jesús no tenía casa propia, por lo que la vivienda de Lázaro representaba su refugio cuando se encontraba por aquellas tierras entre Galilea y Judea; probablemente, según testimonios, era de los hogares más gratos para Él.

Una familia judía que aunque nunca se menciona a papá y mamá es muy probable que haya sido muy reconocida y respetada y la presencia de los judíos religiosos durante la resurrección de Lázaro que citaré en la Tercera Parte, lo podrían demostrar claramente.

De hecho, aunque la palabra de Dios no lo diga, es probable que quizás Martha, María y Lázaro, hubieran quedado en la más completa orfandad de ahí el amor y la fraternidad que Jesús sentía por ellos.

Por otra parte, es importante reflexionar que la gente de esos tiempos enfermaba y moría joven pues los adelantos médicos no eran los de hoy día, ni tampoco había penicilina, es por eso que enfermedades como la Lepra causaban estragos por doquier.

De hecho, dicen las escrituras que, “Un día, un hombre que tenía una dolorosa enfermedad de la piel, llamada lepra, acudió a Jesús. Él sabía que Jesús tenía el poder de sanar a todo el que estuviera enfermo y creía que Jesús podía sanarlo. Jesús tocó al leproso y dijo: “… sé limpio” (Marcos 1:41).

En fin, con relación al versículo 2, explicarle que María a la que refiere el texto es la hermana de Lázaro y Martha. Le comento esto que de acuerdo al texto es completamente obvio, sin embargo, hay quienes argumentan que María de la que habla el pasaje es María Magdalena pero no es así, incluso, esta escrito sobre otra vivencia que Jesús tuvo en la casa de Martha, María y Lázaro en la que se suscitó una reacción adversa de Judas Iscariote en el sentido de que Judas argumentó ese día que con el valor del perfume con el que había sido ungido Jesús se pudo haber comprado mejor comida para los pobres, luego entonces “Jesús les dijo:

-Déjenla en paz. ¿Por qué la molestan? Ella ha hecho una buena obra conmigo. Porque siempre tendrán a los pobres con ustedes y los podrán ayudar cuando quieran; pero a mí no me van a tener siempre. Ella hizo lo que pudo. Se ha anticipado a ungir mi cuerpo, preparándolo para la sepultura. Les aseguro que en cualquier lugar del mundo donde se predique el evangelio, se recordará a esta mujer, contando lo que hizo” (Marcos 14:6-9).

La palabra de Dios dice también que Martha y María enviaron una persona para avisar a Jesús que Lázaro se encontraba enfermo; enviado que es muy probable haya tenido que recorrer varios kilómetros hasta llegar a donde Jesús se encontraba, es decir, al otro lado del Jordán, pues Jesús hasta el momento que escuchó la mala noticia de su amigo Lázaro enfermo, no se movió de ahí, como también es muy probable que ellas (Martha y María), no sabían en donde se encontraba el Señor ese momento pues Jesús durante su ministerio que fue de 3 años, vivió en constante movimiento.

Por otra parte, ¿cómo podemos saber que Jesús realmente amaba a Lázaro? Por el mensaje que le envían sus hermanas Martha y María: “el que amas está enfermo” (Juan 11:3)

El versículo 4 dice así: “Oyéndolo Jesús”, ¿a quién se refiere aquí? Al enviado por Martha y María.

Por otra parte, es importante mencionar que la enfermedad no estaba entre los planes de Dios. Dios permite la enfermedad, sin embargo, la enfermedad llegó al hombre por el pecado original y puede ser para morir pero también para disciplina; pero cuando una persona sana de alguna enfermedad incurable como lo es algún tipo de Cáncer o complicaciones del Covid-19 por ejemplo, no cabe duda, es “para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

En ese sentido, cuando uno lee el versículo 6 del texto, no da uno crédito a la actitud del Señor. El enviado de Martha y María le dice a Jesús que Lázaro su amigo amado está enfermo y el Señor se queda 2 días más en el lugar en donde estaba, es decir, al otro lado del Jordán.

Y no tan solo eso, sino que le “dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez”. Ciudad en donde tan solo unas horas antes, lo querían apedrear. Es posible que Jesús haya tomado la decisión de ir a Judea para perder un día más pues hay que recordar que cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro tenía ya 4 días de haber fallecido, sin embargo, Jesús quería demostrar el gran poder y la gloria de Dios.

De hecho los discípulos preocupados por el proceder de Jesús le dicen realmente preocupados: “Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?

Cómo está eso, hacía tan solo algunas horas que Jesús pudo haber sido lesionado y decide ir nuevamente a Judea rodeando Betania. Pero Jesús es el Dios mismo hecho carne aquí en la tierra, Él lo sabía todo, por tanto sabía que ese día no sería apresado por los romanos quienes actuaron en contubernio con los judíos religiosos, los fariseos y los saduceos quienes únicamente necesitaron el diabólico paro de Judas Iscariote para apresar y matar a Jesús.

Jesús entonces explica a los angustiados discípulos en los versículos 9 y 10 “¿No tiene el día doce horas? El que anda de día no, no tropieza porque ve la luz de este mundo; pero el que anda de noche, tropieza porque no hay luz en él”.

En pocas palabras, Jesús sabía que no sería apresado a plena luz del día; que las conspiraciones de los hombres se realizan en la más completa oscuridad; que el “complo” como bien lo dice El Peje, son negocios turbulentos y diabólicos que se realizan bajo la mesa, en lo oscurito; así es como actúan los indecentes y corruptos quienes finalmente tropiezan porque no hay luz en ellos.

Para calmar un poco a los discípulos Jesús les dice que Lázaro duerme pero también sabía que Lázaro había muerto. Sin embargo, cuando uno lee el versículo 15 se queda uno de a seis porque Jesús entonces les dice “me alegro por vosotros, de no haber estado allí” y es que si Jesús hubiera estado allí Lázaro no hubiera muerto pues Jesús lo hubiera sanado como ya lo había hecho con muchos hombres y mujeres anteriormente, y es que a pesar de que los discípulos anduvieron con él durante casi 3 años y habían visto milagro tras milagro, era el momento que todavía no creían del todo en Él, es por eso que les dice “para que creáis; más vamos a él”.

Pero a pesar de las explicaciones que Jesús les da, ellos actuaban y pensaban como lo que eran, hombres terrenales que anteponían el miedo, el pesimismo y derrotismo antes que cualquier otra cosa, de hecho las palabras de “Tomás llamado Dídimo” en el versículo 16 no me deja mentir cuando dice “a sus condiscípulos: Vamos también nosotros para que muramos con Él”.

Explicarle mi apreciado lector que “Dídimo” quiere decir gemelo, por tanto, dicen los eruditos que a Tomás le decían Dídimo por el gran parecido que tenía con Jesús; de todos los discípulos es el que más se parecía a Él, es por eso que ante la decisión tomada por Jesús, obviamente Tomás presenta más que los demás, una actitud derrotista, sin saber que siempre estuvo al lado del Rey de reyes, del Príncipe de Paz, alguien que no tan solo salió ileso ese día, sino que en las horas por venir realizaría algo que a pesar de los adelantos médicos, los trasplantes, la manipulada materia conocida como nanotecnología, las células madre y cosas por el estilo, nadie ha podido realizar, es decir, la resurrección de Lázaro un milagro que días después, Dios lo realizó nuevamente ante los ojos de todo el mundo con el mismo Jesús.

Sin embargo, para que se cumpla con la promesa de la resurrección, tan solo hay que creer que Jesús es el camino, la verdad y la vida.

Continuaré con “Jesús la resurrección y la vida” (Muerte de Lázaro Segunda Parte).

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