Lenin Torres Antonio[1]

No estás sólo presidente Andrés Manuel López Obrador

Lenin Torres Antonio

Crónicas Ausentes

Crónicas Ausentes

Lenin Torres Antonio

 

He estado argumentando sobre lo que considero “la necesaria transición democrática que representa Andrés Manuel López Obrador”, y que ésta haga viable un nuevo sistema político, ahora si democrático, plural y eficiente para enfrentar y resolver los graves problemas que vivimos las y los mexicanos.

He denunciado las poderosas fuerzas reaccionarias (la élite económica, algunos medios de comunicación e intelectuales, y lo que queda de la vieja casta política) que se oponen a esa transición democrática y que aspiran a que México vuelva al estado de simulación para preservar y proteger sus intereses económicos, y continuar usando la política para sus fines e intereses personales.

He presenciado y señalado la terrible crisis del sistema de partidos políticos que vive México, y la miseria en que ha caído la lucha política y la oposición a AMLO, dejando ver la obsolescencia de los partidos políticos para el debate necesario sobre el modelo de país que debemos construir entre todos los mexicanos, y he hecho el exhorto de salvar el sistema de partidos políticos en aras de fortalecer la democracia y la pluralidad, y fundamentalmente para consolidar la transición democrática, pensando que es una condición ineludible y vital para evitar la centralización del poder público.

He compartido mi suspicacia que la única manera de evitar caer en otro dogma y otro silencio es fomentando una cultura crítica racional y propositiva, y para ellos, es necesaria que “la escucha” de los que ejercen el poder sea una práctica habitual y cotidiana, y “la voz del ciudadano” una obligación ética que debe formar parte de su vida pública, “un pueblo mudo y un gobierno sordo” son las condiciones para la intolerancia y el abuso del poder, para la negligencia y el contubernio incivilizado, educarnos en las cuestiones de lo público hace la diferencia entre el instinto y lo racional, entre comunidad e individualidad, entre política entendida como el arte del bien común y la tiranía el sometimiento por medio de la fuerza y el terror.

Si hacemos un ejercicio de reflexionar seriamente y racionalmente, sin dogmas ni sofismas, seguros podremos reconocer y saber qué es lo que pasa en México, por qué la política no sirve para hacer un México mejor, y estoy seguro, hasta sabemos qué es lo que falta hacer para que eso ocurra.

Sabemos que el ominoso sexenio de los sexenios ha sido el periodo demiurgo y oscurantista que ha vivido México, donde se frustró y se clausuró los fines de justicia social y de democracia de la revolución mexicana, sabemos que en ese periodo histórico se dieron los excesos más bochornosos en que la política sólo servía para el abuso y la corruptela, podríamos decir que México inició un retroceso vertiginoso de sus instituciones y de la democracia que lo llevó a la crisis pública que hoy todavía vive.

Sabemos que la vieja clase política en contubernio con la élite económica usó al estado y sus instituciones, a los partidos políticos y a la política misma para preservar sus intereses personales y preservar sus riquezas.

Sabemos que hoy vivimos una encarnizada lucha por el poder político entre esa élite económica-política y solamente Andrés Manuel López Obrador, y pongo sólo a él, porque estoy convencido que es el único que realmente quiere cambiar a México, y lo que lo rodea, desafortunadamente, son grupos de políticos que piensa, actúan y viven con el mismo modelo de la vieja praxis política, mimetizando un discurso que no es sentido ni entendido, petrificados esperando que sólo que él cargue con la pesada responsabilidad de cambiar a México.

Hoy vivimos esa soledad del presidente en la renovación de la dirigencia del partido que fundó, MORENA, incapaces de ejercer democracia, y que ganara el que presente el mejor proyecto político de la 4ª transformación de México, tuvieron que aceptar el árbitro del INE para legitimar un proceso que debió ser exclusivamente interno y que sólo le correspondería a su militancia y sus simpatizantes.

También vemos esa soledad al percatarnos cómo la agenda política la marca y la defiende el presidente de la república, nadie habla, nadie propone, nadie defiende, el silencio se escucha violentamente, y eso es malo para México, creo que el propio AMLO no espera aplausos sino acciones y coherencia democrática de su gobierno y simpatizantes, acciones y propuestas que enriquezcan su visión democrática del México que merecemos los mexicanos, la simulación debe quedar totalmente sepultada, o se es un progresista o se es un reaccionario.

Pero cambiar la mentalidad no es cosa fácil, más cuando después de haber vivido en el silencio y la complicidad, el mexicano no se da cuenta que vive otros tiempos, que el presidente tlatoani, intocable e intachable ya no existe, que viaja en avión comercial, que no está pendiente de la etiqueta ni de sus poses, que se presenta tan mortal y normal como cualquiera de nosotros, que incluso se le puede insultar y hacer memes de él, que puedes disentir de sus ideas y también compartirlas, que come en fondas, y compra en los chiringuitos de las calles, en suma, una figura presidencial desmitificada, y que eso es una buena señal de un estadista que quiere cambiar a México, y de un político que creo siempre tuvo sus principios e ideales claros.

Cesar los estruendos de las vísceras y los deseos, distinguir la estupidez de la genialidad, aceptar la autocrítica, reconocer la verdad sin tapujo ni prejuicio no nos hace menos ni más, y si nos hace comunidad y patriotas, es ahora el tiempo de los patriotas, de los solidarios, de los inteligentes y del buen ciudadano. Todos los demás comportamientos políticos son incivilizados y un peligro para México, son producto de la avaricia y la revancha, de la ambición y la ignorancia, de la desmedida y el encono, de la nostalgia de tiempos que nunca fueron mejores de los tiempos que podemos construir entre todos. Por eso digo, cuando menos de mi parte, no estás sólo presidente Andrés Manuel López Obrador, ¡Patria o muerte, venceremos!