Tomado de: La Jornada

Obras faraónicas que no detienen las inundaciones 28 de Junio del 2021

Ivan Restrepo

 Las lluvias ocasionan inundaciones en varias entidades del país, como Michoacán, Guerrero, Jalisco y Colima; en Puebla, Veracruz, Campeche, Yucatán, Quintana Roo, Oaxaca, Chiapas y Tabasco. No sorprende el caso de la patria chica de Carlos Pellicer al fracasar las promesas para evitarlas. En marzo de 2012, el ex presidente Felipe Calderón puso allí en marcha El Plan Hídrico Integral para proteger Villahermosa y las principales ciudades. Es una añeja demanda que hoy se está cumpliendo, comentó Calderón. Costó 8 mil millones de pesos. El año pasado, la misma promesa del actual gobierno.

También se inundan las zonas oriente y sur de la capital del país, Monterrey y Querétaro. En el estado de México, Atizapán, Ecatepec, Tlalnepantla e Ixtapaluca. En este último en 2011 el citado ex mandatario y el gobernador Enrique Peña, inauguraron la planta de bombeo La Caldera, parte de la infraestructura para evitar desastres en la zona. Una obra prometida un año antes cuando se desbordó el río La Compañía y dejó miles de damnificados. Estamos evitándole a la gente otra tragedia como la del año pasado. Nunca más inundaciones catastróficas, garantizó Calderón.

Poco antes de dejar la Presidencia ­inau­guró también la de bombeo El Caracol para reducir los riesgos de inundación en el valle de México. Y supervisó la primera etapa del Tunel Emisor Oriente, TEO, la obra más grande del mundo en su tipo. Evitará una catástrofe, especialmente en esa parte del valle. Tan colosal obra se concluyó 11 años después y la inauguró el presidente López Obrador en diciembre de 2019. Costó 30 mil millones de pesos. El túnel está a 70 metros de profundidad y es tan importante como el Gran Canal del Desagüe. Tiene siete metros de diámetro y 62 kilómetros de extensión. Desaloja cada segundo 150 metros cúbicos de aguas residuales y de lluvias (equivalen a 30.5 pipas) y las llevará a la planta de tratamiento de Atotonilco, en Hidalgo, donde se reutiliza en labores agrícolas. También permite recargar los mantos acuíferos.

Las actuales lluvias no alcanzan para paliar la aguda escasez de agua que padecen millones de familias en el sector agrario y en los centros urbanos. El sistema Cutzamala, que aporta una tercera parte del líquido usado en el área metropolitana de la capital del país, registró a principios de este mes sus niveles más bajos de almacenamiento desde hace 25 años: 38.2 por ciento.

La situación es peor en otras regiones, con presas y pozos completamente secos. Hace un mes 85 por ciento del territorio nacional tenía algún nivel de sequía, con precipitaciones 20 por ciento debajo de la media histórica. Mientras las temperaturas se elevaron 1.6 grados en promedio. Ninguno de los 210 principales embalses del país estaban llenos; 110, a menos de la mitad. Una nueva marca histórica. Otros 64, con niveles por debajo de 20 por ciento.

Con más de 300 cuencas hidrográficas, el recurso está mal distribuido geográficamente: escasea en el norte, es insuficiente en el centro, mientras en el sureste abunda en exceso. Lo derrochan y en muchos casos lo acaparan grupos poderosos. Para remate, las cuencas están contaminadas por las aguas negras de las poblaciones y la industria. No hay suficientes plantas para tratarlas como ordena la ley. En las principales urbes se pierde hasta un tercio del líquido inyectado a la red de distribución y se beneficia primordialmente a los estratos con mayores recursos económicos, que no siempre hacen buen uso del agua ni pagan lo justo por ella.

Ya olvidamos la sequía que este año azotó al país; y la de 2011, que fue mucho más grave. Ni el sector público ni la población aprendimos que es mejor evitar las tragedias que remediar los daños por no cuidar la naturaleza. Y esto se comprueba cuando en las zonas urbanas la mancha de asfalto sin control arrasó con lo que eran campos agrícolas o forestales y servían para recargar los acuíferos en la época de lluvias. Y el colmo: obras faraónicas, costosísimas para sacar el agua de la cuenca de México. En vez de invertir en retenerla, reabastecer con ella los mantos freáticos y distribuirla y utilizarla adecuadamente. Miles de millones para impedir inundaciones que, sin embargo, cada año son noticia diaria y afectan especialmente a la población de menos recursos. Igual sucede en otras urbes del país. ¿Hasta cuándo este absurdo?

En memoria del incomparable Antonio Helguera.