PRD: ganar perdiendo

Ricardo Rocha

Como dice la canción: “…y por esas cosas raras de la vida”. Ahora resulta que el PRD puede ser el gran ganador del 4 de junio. Aunque no lo parezca. Y aunque no lo merezca.

Desde luego que, si nos vamos a la aritmética, las victorias en alianza con el PAN en Nayarit y un centenar de municipios medianos y pequeños en Veracruz –también coaligado con los blanquiazules– parecen poco para los perredistas y su historial. No pintaron en Coahuila y en la disputa por la llamada Joya de la Corona en el Estado de México quedaron en tercer lugar.

Pero en una segunda mirada es precisamente ese resultado el que representa una auténtica resurrección para el Partido de la Revolución Democrática. Porque, aunque nada está escrito, si extrapolamos los más de 17 puntos a la elección presidencial de 2018, el PRD se convertirá en el fiel de la balanza para los dos o tres más fuertes que disputarán con uñas y dientes las llaves del reino de Los Pinos. Más aún, si descartamos –con la lógica más elemental– una alianza con el PRI, el PRD se convertirá en “la manzana de la victoria” tanto para el PAN como para Morena. Lo cual es un patrimonio gigantesco y un poder de negociación de igual magnitud.

En el primer caso, aunque las alianzas PAN-PRD no son nuevas, se ha tratado más de matrimonios por conveniencia entre las cúpulas que, aun dando resultado, luego se diluyen en los ejercicios de gobiernos estatales o municipales. Pero está claro que la Presidencia de la República no es un estado más: será la madre de todas las batallas, porque estarán en juego la definición y el rumbo del país. En ese sentido, la del PAN con el PRD parecerá una alianza antinatural. A la que habría que añadir la muy probable imposición de un candidato de filiación panista que tal vez no garantice el voto de las bases perredistas.

Por ello, la lógica más elemental apuntaría a una gran coalición de izquierdas encabezada necesariamente por Morena, dado su nuevo peso específico como tercera fuerza en todo el país sólo después del PRI y el PAN. En este hipotético grupo de partidos el PRD jugaría también un papel secundario, pero en un terreno mucho más afín, al menos ideológicamente.

Sin embargo, esta posibilidad por ahora parece todavía más remota incluso que la sociedad electoral con el PAN. Y es que a pesar de la supuesta cercanía PRD-Morena en principios doctrinarios, la distancia que han establecido los agravios entre unos y otros parece insalvable.

Paradójicamente, el fracaso del intento aliancista entre morenos y perredistas en el Estado de México ha sido el detonador de la ruptura entre estas dos fuerzas políticas, que sumadas hubieran tenido una victoria contundente y hasta avasallante. Pero que al repelerse favorecieron al supuesto enemigo común que es el PRI.

Por ello, los oxigenados priistas aún albergan esperanzas de retener la Presidencia en el 18. Porque los dirigentes del PRD y Morena muy probablemente seguirán imponiendo los jugos gástricos a las neuronas. Y porque la única posibilidad de una alianza total de las izquierdas pasa por un gran acuerdo político entre Andrés Manuel López Obrador y Miguel Ángel Mancera. Cualquier otra vía será una pérdida de tiempo. Se ve difícil. Pero no imposible.