Se volteó, ahora EU vende petróleo a México

Jonathan Ruiz Torre

Parteaguas

Mike Pence, su vicepresidente, sonrió. Por eso en ánimo infantil, Donald Trump repitió el movimiento de extensión de su antebrazo, como quien hace la mímica de que algo pasa por debajo del agua.

“Esta administración acaba de aprobar un nuevo gasoducto que conecta a México y que ayudará a aumentar las exportaciones americanas de energía y que irá por debajo del muro, va a tener que ir más abajo en esa sección, justo debajo del muro”, dijo el jueves el presidente estadounidense mientras movía una y otra vez su extremidad al tiempo que buscaba la aprobación de sus acompañantes.

Hay una realidad: México es ya el principal cliente petrolero de Estados Unidos.

Para dejarlo claro, desde este año no hay otro país que le compre más derivados de hidrocarburos a Estados Unidos que éste cuyos habitantes enojan cuando ese mandatario hace antipáticas bromas.

Lo confirman datos de la Energy Information Administration (EIA) de esa nación, que aportaré adelante.

Hasta hace un año Canadá nos superaba, pero ocurrió lo que acá nadie reconoce, que la otra mitad de mexicanos que no es pobre llena los centros comerciales y compra más coches que nunca… y casas con estufas… y bóilers… y todo el combustible y plástico que esas cosas llevan dentro.

A menos de que ocurra una catástrofe económica, México comprará cada vez más gas y gasolina a Estados Unidos.

John Auers debe andar en sus cincuenta. La semana pasada este hombre entrecano de frente amplia advirtió de que en 10 años México pasó del lugar 11 al tres en el mundo como importador neto de derivados de petróleo.

Nos superan Japón y Singapur, de acuerdo con las estimaciones de este graduado de la Universidad de Houston que trabajó para Exxon y ahora es vicepresidente de la consultora de ingeniería Turner, Mason & Company, basada en Dallas, Texas.

Y no lo dijo en un salón de clases, sino en Washington DC, durante la Conferencia Anual de Energía de la EIA, justamente. Su presentación se centró en cómo Estados Unidos en la misma década pasó de importador a exportador neto. Es decir que exporta más de lo que importa.

Nosotros también nos acordamos. El negocio de vender crudo a los norteamericanos cayó 40 por ciento entre 2007 y 2017, considerando el valor de las ventas del primer trimestre de ambos años que reporta el Sistema de Información Energética mexicano.

Trump acierta en resaltar el hecho. Como consecuencia de nuestro reciente auge de consumo, importaremos más.

Fue a decirlo a la misma reunión de Washington el economista por el ITAM, David Madero. Él dirige el Cenagas, que es como el ama de llaves de los tubos que transportan gas natural en México.

Allá, a la voz de aquí traigo para pagar, dijo que México aumentará 67 por ciento sus importaciones de gas natural en seis años que acabarán en 2022. Para esos días, estimó, compraremos diariamente seis mil 100 millones de pies cúbicos diariamente.

¿Entonces, todo lo hicimos mal con la reforma? No parece. Más bien no hemos acabado de limpiar el desorden de la fiesta entre el sindicato petrolero y el gobierno.

Va un ejemplo dado allá por Auers: acá necesitamos al menos cuatro personas para hacer el trabajo que en las refinerías texanas hace sólo una.

Eso hace poco productivas nuestras instalaciones que mutan en cocina económica, en las que hacen fiesta cuando funcionan. De ahí que cada vez importemos más gasolina que requerimos para nuestros carros nuevos. La reforma permitió la libre producción e importación y hay que darle tiempo a Hacienda para que formule un precio con menos impuestos que atraiga inversiones.

Para el gas están las Rondas 1 y 2, que pretenden dar a empresas privadas la oportunidad de producir acá. Habrá que esperar unos cinco años para ver un real cambio de tendencia en nuestra producción local que padece de estreñimiento.

Como remembranza de aquel abusivo de la secundaria, Trump nos recuerda que tiene el volante de nuestra economía. Ojalá que lleguen políticos sofisticados que acá entiendan que lo que urge son mexicanos que entiendan la Cuarta Revolución Industrial que sólo usa la energía como herramienta, no como salvación o defensa patriotera.