Todos somos personajes de la novela electoral: Sabina Berman | Revista República
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Tomado de: El ECONOMISTA

Todos somos personajes de la novela electoral: Sabina Berman

Los relatos como los describió Aristóteles tienen tres partes: inicio, nudo y conclusión. Pero no hace falta decírselo a Sabina Berman (Ciudad de México, 1955), eso se lo sabe casi desde la cuna. “Es una estructura del tiempo que está presente hasta en los chistes. El método para llegar a la risa”.

A Berman le gustan los relatos. Su padre, que creció en una villa judía en Polonia, tenía terminantemente prohibido leer un libro que no fuera la Biblia. “Conseguía de manera prohibida libros de Fedor Dostoievski, de León Tolstoi”, cuenta la dramaturga, entrevistadora, escritora de narrativa y una de nuestras principales feministas.

Tres actos para contar a Sabina: como amante de los relatos, como apasionada comentarista de la política y como feminista.

“Los grandes relatos como la ciencia o las religiones son intentos de contarlo todo. Sin embargo, sus métodos muy distintos. Mientras que la religión quiere contar la Verdad con mayúscula y es pecado dudar de esa verdad, la ciencia se mueve por la duda. La Verdad con mayúscula de la ciencia no es tal, es una verdad provisional”.

¿Se puede mezclar la fe con la razón? “Eso es como tener dos cerebros, es una esquizofrenia que creo que no es posible (…) sin embargo, hay gente que dice que sí se puede. Yo prefiero la no esquizofrenia”.

Con Berman se puede platicar de varios temas porque es buena interlocutora. Pero, como ella misma dice, no hay que confundir el relato con la realidad. “El relato es siempre incompleto, la realidad es incontrolable”. Por eso esta entrevista en tres actos es apenas un esbozo de Sabina Berman.

La pasión colectiva

Es pleno año electoral y Berman se siente emocionada. “Me interesa mucho este relato que estamos armando entre todos, estos diferentes relatos de país a los que nos enfrentamos. Yo me pregunto si hace un año Anaya tenía formado su actual discurso: yo creo que no. Y, bueno, están estas pretensiones mágicas de López Obrador que dice que si él llega de inmediato se acaba la corrupción”.

Ah, pero esas no son las únicas variables. Dice Berman que en este cuento que es la política mexicana está siempre presente la horrible realidad oximorónica de la mentira.

Dice, no sin cierto sarcasmo, que si fuéramos sensatos, hace años que nos habríamos dado por vencidos. “Este relato de la política, que implica a millones, es digno de…” hace una pausa para pensar, “Borges”. “Es una fantasía creer que la mayoría sabe lo que está haciendo, hay tantos ejemplos en la historia. Uno ve las entrevistas de Hugo Chávez y parece impecable. Es un hecho que las mayorías se equivocan”.

“El futuro es un lugar que no existe. Y estamos decidiendo sobre él, y hacerlo es más emocionante que ver un partido de la Selección de futbol”.

Y completa: “El relato es primitivo, útil, apasionante. Una creación en la que todos participamos”. Contar es atar eventos y encontrarle a eso un sentido. Complicado. Pero lo hacemos.

Salirse de la cocina

“Es un diagnóstico este relato nuestro”, dice la escritora. “Primero de quiénes somos. Antes, las mujeres estábamos atadas al hogar, no éramos ciudadanas. Hay quien dice que sólo la raza de bronce es ciudadana. Mi hermana, que vive en Nueva York desde hace 30 años, dice que nos olvidamos de 37 millones de mexamericanos”.

El segundo acto del diagnóstico bermaniano es preguntarnos adónde queremos llegar. Y el tercero: el método para llegar. Como el éxodo mosaico, no sólo como el drama aristotélico.

Sabina Berman aprendió muy joven (18, 19 años de edad) que quería escribir, pero también que vive en un mundo misógino. Hay que nadar contra la corriente. “Yo creo que la peor misoginia es la inconsciente, la que vive un niño de cuatro años que se da cuenta de que por ser varón tiene privilegios. El recuerdo se olvida pero el privilegio permanece”.

Los hombres, dice, deben ser aliados de las mujeres. Detenerse, darse cuenta de sus privilegios y dar un paso atrás. Cruzar la raya tan honda que ha pintado el machismo. “Yo debo mi voz al feminismo, puedo hablar de asuntos públicos más allá de mi cocina precisamente porque soy feminista”.

Somos las mujeres “la mitad ignorada”

El #MeToo es un despertar que le interesa pero dice que no hay que irse con la finta: el mejor feminismo no se está haciendo en Estados Unidos, sino en España y Argentina. Cita la marcha monumental española del pasado 8 de marzo en el que las mujeres lograron que Mariano Rajoy, un primer ministro conservador, acabara el día con el listón morado que distingue al movimiento.

Pero Berman opina que no hay que caer en maniqueísmo. “La interacción entre hombres y mujeres es compleja, no es una historia de buenos y malos. Tengo amigos en el mundo del cine que se preocupan: pasó esto hace 10 años —digamos que un director se acostó con una actriz—, ¿está en juego mi matrimonio, mi carrera?”. Cómo definir el crimen sexual: eso es lo que invita Berman a problematizar.

“No voy a dejar de leer a Junot Díaz ni a Kundera, tan misógino. Vargas Llosa me da ternura. Pero es un gran escritor. Seguimos leyendo a Shakespeare a pesar de que era un defensor de la monarquía. Sigo creyendo que El bebé de Rosemary es una joya a pesar de que Roman Polanski drogó y violó a una niña. ¿Por qué los seguimos apreciando? Porque en ellos encontramos también otras cosas. Para enterarnos de los otros modos, pues”.

El feminismo es una fuerza política. “Si no es político, ¿qué es? La perspectiva de género debe estar en todo”.

concepcion.moreno@eleconomista.mx