Van a traer a Lozoya, ¿y su fortuna?

Salvador Garcia Soto

Serpientes y Escaleras

Serpientes y Escaleras- Salvador García Soto

Si la captura de Emilio Lozoya Austin en España revitaliza y reposiciona a Alejandro Gertz Manero con el que es sin duda el primer gran logro de la Fiscalía General de la República, al presidente Andrés Manuel López Obrador, la futura extradición del exdirector de Pemex y su encarcelamiento y enjuiciamiento en México le cae como oro molido.

Lozoya se convertirá en una mina inagotable para alimentar el discurso de combate a la corrupción en el Gobierno de la 4T y en una fuente preciada de información del más alto nivel; pero también pondrá a prueba la capacidad de la Fiscalía General de la República y de la Unidad de Inteligencia Financiera para documentar, más allá del discurso y con expedientes judiciales y financieros sólidos, la corrupción del Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, ya sea a partir de lo que pueda declarar Emilio Lozoya (“él no actuó solo y las órdenes fueron de Peña Nieto y de Luis Videgaray”, según su abogado Javier Coello Trejo) o de la información que pudiera entregar al Gobierno si es que busca algún tipo de negociación.

Qué tan fuerte será el golpe de traer a Emilio Lozoya que hay estimaciones en las áreas de inteligencia financiera que calculan que el exfuncionario llegó a acumular una fortuna de hasta 750 millones de dólares, producto no solo de los sobornos de Odebrecht, que serían la parte menor, sino de la corrupción sistematizada que practicaron en Pemex, lo mismo en compras absurdas de plantas chatarra de fertilizantes y en astilleros en Galicia, que en el acoso, asalto y desmantelamiento de grandes empresas contratistas de Pemex como Oceanografía de Amado Yáñez y Oro Negro, de Gonzalo Gil y Martín Díaz, ambas orilladas a la quiebra cuando sus dueños y socios se negaron a pagar sobornos a Pemex y a entregarle activos millonarios de sus empresas.

Esa enorme fortuna, según las fuentes, la tendría Emilio Lozoya Austin escondida en Rusia, donde se ocultó por varios meses, y a nombre de su pareja sentimental de nacionalidad rusa. De hecho, hay una versión que ayer miércoles manejaban allegados al exdirector de Pemex, que señala que Lozoya habría dejado Rusia para ir a España a reunirse con el expresidente Enrique Peña Nieto y trazar “un plan” para su defensa.

Incluso la reciente presencia del canciller ruso en México, Serguéi Labrov, en visita relámpago de 24 horas, coincidió con los supuestos movimientos de Lozoya Austin, aunque oficialmente la Secretaría de Relaciones Exteriores, vía el subsecretario para Europa, Julián Ventura, negó que el tema del exfuncionario petrolero haya sido abordado de manera oficial en el encuentro de los dos cancilleres.

Desde hace nueve meses había un seguimiento para detectar la presencia de Lozoya en el país ibérico, luego de que se detectaran entradas y salidas intermitentes; pero ese seguimiento no era solo a él en particular, sino también al expresidente Enrique Peña Nieto, a quien tenían vigilado porque creían que en cualquier momento Lozoya entraría en contacto con él, como al parecer ocurrió en días recientes.

A la captura de Emilio Lozoya, deberá seguir ahora una estrategia jurídica y diplomática impecable del Gobierno de México para que los delitos estén bien documentados y con posibilidades reales de probar ante un juez, para que no se vaya a repetir el fallido caso de Javier Duarte, al que nunca pudieron probarle las operaciones con recursos de procedencia ilícita; y para que una vez en México, el proceso contra Lozoya vaya a fondo y se le logren acreditar fehacientemente las acusaciones y que su caso, claramente emblemático, sea realmente el inicio de una cascada de investigaciones, acusaciones y detenciones que hagan que la feroz lucha contra la corrupción del presidente López Obrador y de la FGR pasen ya del discurso repetido, al castigo y la sanción a los integrantes del grupo político que saqueó el país en el pasado sexenio… Los dados mandan Serpiente Doble. Caída libre.