La película de terror disfrazada de “revolución” que empezó hace 20 años en Venezuela parece proyectar sus últimas escenas. Así lo deseamos millones dentro y fuera de este país hermano que tanto ha sufrido por culpa de un fracasado modelo socialista. Ahí donde Chávez ofreció crear un paraíso, lo único que lograron fue imponer un infierno.

El futuro tan anhelado de libertad está más cerca gracias al espíritu de lucha y resistencia que se mantiene dentro de Venezuela y al apoyo y presión internacionales. Mientras la inmensa mayoría de países en el continente y en el resto de occidente apoya una transición pacífica en la que se celebren elecciones libres y transparentes bajo el liderazgo del presidente interino Juan Guaidó, el gobierno de México optó por apoyar al dictador.

¿Cómo explicar semejante aberración? Este gobierno que habla de dignidad, de principios, de defender los derechos humanos y querer la paz es el mismo que se niega a reconocer la dictadura, que prefiere callar ante las violaciones a los derechos humanos, dar la espalda a millones de venezolanos y estar del lado equivocado de la historia junto al dictador Nicolás Maduro.

Sí, este gobierno que redacta una constitución moral, pero es incapaz de escuchar el llamado de millones de venezolanos cuya moral ha sido atropellada por un régimen autoritario con el que simpatizan y al que aplauden. Este gobierno que promueve una cartilla moral, pero es incapaz de tener sensibilidad ante el sufrimiento de quienes padecen escasez de alimentos y medicinas para sobrevivir.

“Le hago un llamado a todo México, que se solidarice con el pueblo venezolano, y espero que se pueda sumar a las voces que piden un cambio de democracia y libertad en Venezuela”, pidió el presidente interino Juan Guaidó.

¿Qué respondió el presidente de México? “Somos muy prudentes de no intervenir en asuntos de otros pueblos para que también de esa manera podamos fortalecer nuestra soberanía, que no haya ningún gobierno extranjero, ninguna hegemonía que quiera entrometerse en asuntos internos de México”.

Con estas palabras, AMLO reveló un secreto a voces: Venezuela es el espejo en el que el presidente proyecta sus anhelos y sus miedos. Por un lado, admira a Maduro como en su momento admiró a Fidel y a Chávez, por eso ya replica algunas medidas castro-chavistas. Por el otro, se da cuenta del desenlace que llegan a tener algunos dictadores y prefiere no abrir la boca para que después el mundo no lo condene a él. Está muy claro en qué espejo se ve. De nosotros los mexicanos dependerá que ese espejo no cobre dimensiones mayores. Hagamos votos para que Venezuela se libere muy pronto de la dictadura y evitemos que en México se instaure otra.

Twitter: @armando_regil