Este viernes entrarán en vigor las tarifas impuestas por Estados Unidos que se aplicarán a China por un monto aproximado 34,000 millones de dólares de bienes importados.

Adicionalmente, Estados Unidos tiene planeado extender las tarifas a otros bienes en las próximas semanas para llegar a un total de 50,000 millones de dólares. Esta situación, aunada a la decisión de hace un mes de no extender la exención para México, Canadá y la Unión Europea a las tarifas sobre la importación de acero y aluminio, constituye una escalada importante hacia una verdadera guerra comercial.

Adicionalmente, la administración Trump está seriamente contemplando implementar una tarifa de 25% a la importación de vehículos de todo el mundo bajo el mismo pretexto de seguridad nacional que se utilizó para las tarifas de acero.

Hasta ahora, los mercados han visto la escalada como una estrategia de negociación por parte de Estados Unidos que no desencadenará en una guerra comercial duradera con consecuencias importantes para la economía global. Sin embargo, la reciente escalada por parte de Estados Unidos y la respuesta en la forma de medidas compensatorias por los socios comerciales afectados están generando un entorno de creciente incertidumbre que está empezando a preocupar más a los mercados y obligando a los inversionistas a analizar escenarios más negativos.

En el escenario menos probable, que es el que al parecer esta descontando el mercado, las tarifas implementadas hasta ahora funcionan, pues Estados Unidos obtiene algunas concesiones de sus socios comerciales (principalmente China) y la escalada se detiene.

En este escenario, la economía global tendría una muy pequeña afectación y la recuperación seguiría prácticamente intacta.

Un escenario más complicado contemplaría una respuesta enérgica de China y otros socios comerciales mediante la implementación agresiva de tarifas compensatorias. De darse esta situación, la aversión al riesgo comenzaría a incrementarse y los mercados podrían comenzar un proceso de ajuste más pronunciado.

La combinación de una disminución en el comercio internacional, aunada a un endurecimiento de las condiciones de los mercados financieros, tendría un impacto más notable en el crecimiento global.

Entre más largo sea este impasse, mayor sería la afectación para crecimiento global y los mercados. Sin embargo, si la escalada se detiene aquí, el impacto en términos de crecimiento global sería manejable. Si de lo contrario, la escalada continúa con Estados Unidos jugando una carta de tarifas más agresivas, incluyendo aranceles a las importaciones de vehículos o inclusive la imposición generalizada de tarifas a todas las importaciones, el resto del mundo seguramente respondería con medidas compensatorias y estaríamos ante una verdadera guerra comercial.

Esta situación tendría un impacto importante en los mercados financieros y un mayor endurecimiento de las condiciones financieras.

La recuperación global se vería afectada notablemente, siendo el impacto más fuerte en los mercados emergentes. Aunque Trump piensa que las guerras comerciales son “buenas y fáciles de ganar”, varios legisladores de su partido, sobre todo los que representan estados afectados por las tarifas compensatorias, no piensan igual y están trabajando para limitar el poder presidencial para establecer aranceles de manera unilateral sin la aprobación del Congreso. Sin embargo, conforme se acercan las elecciones de noviembre para renovar el Congreso en Estados Unidos, hay muchos legisladores republicanos aterrados de mostrar cualquier oposición a Trump.

La creencia de que Estados Unidos tiene menos que perder que sus socios comerciales en una guerra comercial es lo que Trump quiere aprovechar para presumir un triunfo, aunque sea pírrico y costoso, a su base de electores.

Bajo este estilo de negociación, la situación para los mercados podría ponerse peor por un buen rato antes de mejorar.

Joaquín López-Dóriga Ostolaza