Zonas tribales en Pakistán, focos de islamismo radical

columnaPESHAWAR, Pakistán. A pesar de la muerte de Osama bin Laden, de la dispersión de Al Qaeda en pequeños grupos y de los ataques constantes de los aviones no tripulados de Estados Unidos, las zonas tribales de Pakistán siguen siendo focos persistentes del islamismo radical en el mundo.

El reciente surgimiento de nuevos campos de batalla en Oriente Medio o en África ha hecho que el número de combatientes extranjeros en la región aumentara, incluso provenientes de los más diversos países.

Ya hace más de 30 años, desde el lanzamiento de la lucha contra las fuerzas soviéticas, que los musulmanes del mundo entero se concentran en zonas montañosas y de frontera, habitualmente consideradas incontrolables.

Después del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, una coalición encabezada por Washington invadió Afganistán y expulsó a los talibanes del poder. Esa coalición se tornó así en el blanco preferido de los combatientes paquistaníes y extranjeros en las zonas tribales, unificados por los combatientes del anterior régimen fundamentalista de Kabul.

Cuna de la red Al Qaeda, la frontera entre Pakistán y Afganistán es aún el principal cuartel general de su comando, que en la región se beneficia de la complicidad de las tribus locales.

En la actualidad, los talibanes afganos han percibido que sus aliados extranjeros prestan un poco menos de atención al conflicto en Afganistán, de donde la OTAN pretende retirarse a fines de 2014.

“Al Qaeda concentra su atención en Siria, Libia, Irak y Malí”, dijo a agencia AFP un dirigente de los rebeldes afganos. Algunos de sus combatientes (en particular los libios y sirios) ya retornaron a sus países en los últimos años.

En 2003, un primer movimiento se realizó en dirección a Irak, y siguieron otros a Yemen, Somalia. De acuerdo con fuentes locales, el número de combatientes árabes a lo largo de la frontera afgano-paquistaní cayó de varios miles a menos de mil, mientras que los de origen parecen ser cada día más numerosos.

La gran mayoría en la actualidad es formada por turcomanos y uzbekos (entre mil y 3 mil, según fuentes locales), que comenzaron huyendo de los regímenes totalitarios en sus países de origen, se diversificaron y parecen impulsar un nuevo movimiento.

En total, “el número de yihadistas extranjeros aumentó en los últimos dos años. Cada semana vemos nuevas cabezas”, explica un visitante regular a Waziristán del Norte, la principal área tribal de Al Qaeda y de los talibanes.

Sin embargo, las mallas de esta red se tornaron más cerradas en los últimos años, es especial a partir de 2008, cuando los estadunidenses comenzaron a arrasar la región con centenas de ataques con aviones no tripulados. Pero “han matado más talibanes locales que miembros de Al Qaeda”, dijo la fuente, habitual visitante de la región de Miranshah.

Así, se han desorganizado las redes y condenando a los combatientes a una vida subterránea. “Ellos tienen ahora un perfil bajo, se visten con ropas locales, evitan las reuniones y sobre todo se mueven todo el tiempo”, explica un periodista local. Los drones también han destruido los campos de entrenamientos que antes eran tan visitados.

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